lunes, 11 de octubre de 2010

España al borde del corralito; por Roberto Montoya


“Madrid podría estar ingresando en la clase de espiral de la muerte que afligió a Argentina hace apenas una década.” advirtió tiempo atrás Paul Krugman, y ahora lo repite Joseph Stiglitz.

Lo dijo hace pocos meses el gran gurú de las finanzas a nivel mundial, el neokeynesiano Premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, y ahora lo repite otro influyente gurú, también neokeynesiano también estadounidense y también Premio Nobel de Economía (2001), Joseph Stiglitz: “España podría estar ingresando en la clase de espiral de la muerte que afligió a Argentina hace apenas una década”. Son así dos grandes analistas de las finanzas internacionales los que ven planear la sombra del corralito sobre España. “Sólo cuando Argentina terminó con su tipo de cambio fijo respecto al dólar comenzó a crecer y se redujo el déficit. España no ha sido atacada por los especuladores, pero podría ser sólo cuestión de tiempo”, añadió Stiglitz.
Pero esa salida a la que recurrió en su momento Argentina no es válida para España, por pertenecer a la eurozona, sin posibilidad para devaluar su moneda, porque la antigua peseta se fundió en 1998 con las monedas de otros 16 países de la Unión Europea para crear el euro como moneda única común.
Tanto Stiglitz como Krugman y otros renombrados analistas ven a España como uno de los eslabones más débiles de la Unión Europea y rechazan esa imagen que quiere dar la UE de que ya ha se dejado atrás la recesión. Se teme que se produzca el llamado Efecto W, o recesión de segunda vuelta. En un artículo en el Sunday Telegraph, Stiglitz sostenía días atrás, al analizar la situación de Europa ante la crisis, que “España es el caso más peligroso, pero también están en severos aprietos Irlanda y Grecia”. Y añade Stiglitz: “El euro también afronta su propia crisis y puede desaparecer, víctima de su propia convertibilidad hacia dentro. Resulta claro que los países hoy en problemas carecen, como Argentina hace años, de monedas individuales y, por ende, de instrumentos cambiarios flexibles”.

El economista asegura que “como en Grecia e Irlanda, la debilidad financiera de España la torna presa fácil para fondos buitres y otros especuladores. Las reacciones ingenuas del Banco Central Europeo o el FMI, como recortar gastos o jubilaciones y elevar impuestos, sólo empeorará las cosas”. Y ahí estriba la crítica principal de los dos economistas, coincidente con la postura que vienen manteniendo en España y otros países europeos los partidos de izquierda y los sindicatos: que los planes de ajuste lanzados por doquier en Europa para afrontar la crisis, con una contracción drástica del gasto público, congelación cuando no disminución directa de los salarios y las pensiones y la precarización del trabajo, sólo pueden augurar más y más desempleo. Lo reconocía sólo pocas semanas atrás el propio FMI a través de su director gerente, Dominique Strauss-Kahn. Este admitía que los ajustazos podrían conseguir un moderadísimo crecimiento, pero sin generar empleo. Las imposiciones del FMI, del Banco Mundial y del Banco Central Europeo, aparecen como recetas desesperadas, ineficaces y contraproducentes, de un sistema ultraliberal cuyo modelo de enriquecimiento especulativo y piramidal ha terminado por pinchar la burbuja generada durante años. Stiglitz insiste con el paralelismo entre España y Argentina. El economista estadounidense, siempre crítico con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y sus recetas y “los mercados”, dice que a Rodríguez Zapatero “se le imponen reglas de juego anacrónicas.
Por ejemplo, disminuir los gastos, lo cual producirá desempleo muy superior al actual 20,3%, contracción de demanda real y fuerte resistencia social. Argentina vivió lo mismo en 2000-2001 y sólo políticas anticíclicas la sacaron de apuros en los años siguientes”.
Strauss-Kahn felicitaba hace poco a Rodríguez Zapatero por aplicar a rajatabla las medidas sugeridas por el FMI, asegurándole que no se arrepentiría de haberlas adoptado, a pesar del duro coste social que implican. ¿Y cuándo se verían esos frutos, según el FMI? En la semana que termina, el FMI anunciaba que el Producto Interior Bruto (PIB) de Canadá, Rusia e India supera este año por primera vez al de España. De esta manera España, que alardeaba de ser la octava potencia económica mundial, ha sido relegada de un plumazo al 12º puesto. Al presidente español no le gustará que alguien le recuerde ahora que en 2007 él auguraba públicamente que “en 2010 vamos a superar ligeramente a Alemania en renta per cápita”. Alemania está hoy día en el 4º lugar, ocho puestos antes que España. El FMI prevé que España tendrá un crecimiento del -0.3% para 2010 (1.7% de media para Europa); 0.7% en 2011 y que sólo alcanzará un 2% (porcentaje a partir del cual se considera que se crea realmente empleo) en 2013. Según el mismo informe del FMI, Argentina crecerá en 2010 el 7,5%, como Brasil (5,7% de media para América Latina y el Caribe) y el 4% en 2011. Rodríguez Zapatero tendrá por tanto menos futuro prometedor para vender a los trabajadores y a los sindicatos, que el pasado 29 salieron a la calle para decir “no” a su recién aprobada reforma laboral y para advertirle que no aceptarán tampoco su reforma de las pensiones, que entrará en breve a debate en las Cortes (Parlamento).
Días atrás, Rodríguez Zapatero sufrió además un revés político al ser derrotado en elecciones internas del gubernamental Partido Socialista Obrero Español (Psoe) por escaso margen, su candidata a presidir la poderosa Comunidad de Madrid (gobernación), la actual ministra de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, frente al secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez. Ese revés, según las encuestas hechas por distintos medios de comunicación, ha debilitado aún más al Psoe, quien aparece situado ahora más de diez puntos por detrás del opositor Partido Popular en intención de voto.

sábado, 9 de octubre de 2010

Las Madres pueden ser memoria, pero no historia

Por Luis Mattini

Para la izquierda formal, esa que en los setentas fue pasiva y critica del proyecto revolucionario que encaramos y para muchos de las nuevas generaciones la Presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini es la memoria de esa época, y por cierto lo es desde el punto de vista de la denuncia de la atrocidades de los militares, o sea los crímenes de guerra. Eso explica el lamentable hecho de que casi todo el recuerdo que viene de la posterioridad inmediata a los hechos, es la memoria de la muerte. La parte negativa de esa visión limitada, parcial, es que estamos llenando a La Argentina de museos de la memoria que parecen Panteones de la muerte

La parcialidad consiste en que la inmensa obra de denuncias llevada a cabo por la organización Madres de Plaza de Mayo es muy importante y parte insustituible de la historia, pero no es toda la historia, mucho menos la más rica y pedagógica. Porque la parte mas importante de esa historia, es la parte vital, la que deja enseñanzas para el presente y futuro, es la que habla de la vida, de la rebeldía, de la pasión por la lucha, de la alegría de la militancia, de la felicidad que provee el acto de libertad; también de la inteligencia y la desinteligencia de los proyectos, quiero decir de los aciertos y errores.

La ferocidad y la brutalidad de los militares no se debió a una especial patología en el cuerpo castrense, ni a nuestros errores, sino precisamente a nuestros aciertos. En efecto, la creciente fuerza del movimiento popular, del cual fuimos parte especialmente activa, preocupó mucho a los poderes de modo tal que establecieron sólidos planes represivos para defender los privilegios puestos bajo real amenaza. Nuestro principal acierto fue esa decisión de lucha y la puesta en práctica, la acción. Nuestro principal error fue la subestimación de la fuerza del enemigo, la sobreestimación de nuestras propias fuerzas y no haber advertido a tiempo que la dureza de la represión obedecía a una estrategia bien racional y definida, la que fue elaborada por la Escuela Francesa, mientras nosotros nos habíamos preparado para resistir la doctrina de la llamada Escuelas de las Américas, ello, dicho sea de paso, por haber compartido con el ex campo socialista, la visión unilateral de un imperialismo centrado en los EE.UU.

De todo eso, Hebe no puede hablar, porque según ella misma lo ha dicho, en ese tiempo se dedicaba a la cocina. En cambio hay decenas de compañeras sobrevivientes, ex presas o ex exiliadas, de la edad de Hebe y centenares de la edad de sus hijos, que pueden hablar porque fueron activas, armadas y no armadas. Mujeres que, fieles a la época del hacer, hacían. No amenazaban: actuaban y después hablaban, a veces para explicar lo hecho, y sólo si era necesario. Ellas son la memoria completa, y sin embargo muy pocos le preguntan a ellas. Las nuevas generaciones no las interrogan porque no saben, porque el monopolio de esa información lo ha institucionalizado la organización que preside Hebe y lo está malversado. A los demás, a los testigos observadores de esa época, no se les pregunta a fondo porque puede ser incómodo la respuestas al interrogante “¿Y vos que hacías en ese tiempo?”

Por otra parte hay también algunos protagonistas que no quieren hablar por diversos motivos, algunos legítimos y otros por miedo al que dirán y hasta hay quienes no pueden explicar en forma racional qué pensaban en esa pasión de la lucha, no porque sean tontos, sino porque la evidencia de los hechos no necesitaba discursos.

Por ejemplo, una de las cosas que Hebe no sabe, es que nosotros, los del PRT-ERP, y gran parte de setentistas aliados, nos planteamos una política de ruptura caracterizada por la acción, incluida la acción armada. Y eso implicó una profunda discusión ideológica porque rompía el concepto de militancia tradicional y que es más o menos el que se ha retomado hoy en día. O sea, la inmensa mayoría de esos militantes que desfilan bien uniformados por las calles que les marca el gobierno, no tienen ni siquiera idea de que existe un concepto de ruptura y que el mismo no consiste en cascotear a la policía precisamente y que no se trata de democracia o dictadura. Se trata de una actitud, una decisión de los revolucionarios, una de las enseñanzas básicas del Che de la cual no me consta que hablen los teóricos que dan cursos en la Universidad de Madres: Elegir el terreno de lucha.

. En efecto, nosotros no elegimos la lucha armada porque no teníamos otro remedio. La nuestra, justa o errónea, fue una opción consciente y muy debatida y consistía de hecho en una ruptura. Las nuevas generaciones deben saber también, que el Estado de Derecho y el sistema político llamado democracia, no es un invento de ahora. La mayor parte de esos años que luchamos funcionaba el sistema judicial, por lo que, en muchos caso, nuestros compañeros fueron juzgados por violar la ley. Sobre todo en los primeros tiempos, durante la dictadura de Lanusse. En tales casos los compañeros en el banquillo de los acusados, solían pedir la palabra expresando el juicio de ruptura, es decir que no aceptaban ese tribunal y se declaraban prisioneros de guerra y acogiéndose al Convenio de Ginebra.

Claro, los maduros testigos de la época, los que nos acusaban de foquistas, se sonríen con conmiseración de esa “ingenuidad”, o peor, de ese “infantilismo” nuestro de aquellos tiempos. Lo que no se tiene en cuenta, es que ese compañero nuestro jugado en una política de ruptura, estaba siendo juzgado no por la contravención de cortar la Panamericana para reclamar por un aumento de salarios, perjudicando a la población, sino por intentar asaltar militarmente una comisaría o un cuartel para tomar el poder y cambiar el sistema de raíz, enfrentándose con profesionales armados, evitando arriesgar a la población civil. El proyecto de toma del poder, no buscaba torcer la voluntad de los jueces, sino crear un nuevo sistema de justicia. Esa era la “pequeña” diferencia con la actual actitud de Hebe. Nuestras compañeras no hubieran amenazado en un discurso ocupar los tribunales para forzar la decisión de los jueces, no, de ninguna manera, ellas primero, antes de hablar, hubieran tomado el Palacio en serio, después quizás habrían hecho una asamblea para ver cómo continuar.

Además, otra de las cosas que esa forma limitada, parcial, de esos del recuerdo de aquellos años, oculta, es la acción concreta, vital y sobre todo prioritaria, en pos de la justicia social. Nuestros compañeros no amenazaban asaltar los tribunales para ayudar a resolver un conflicto de poderes a favor del gobierno, no, nuestros compañeros reservaban esas energías para asaltar camiones de alimentos, para hacer justicia social en concreto repartiendo entre los necesitados, llamando a la acción con el ejemplo, no con el discurso.

Insisto, fueron años de política de ruptura, de acción. No de discursos. Y lo fueron por diversas razones, pero entre la más importante, porque había disposición para tomar esa decisión militante por parte de cientos de chicas y muchachos. Hoy no se puede plantear la ruptura porque esa disposición no parece estar, quizas porque las camisetas, las banderas y los uniformes de Guevara, hayan tapado sus palabras y los muchachos que desfilan a diario por la avenida de mayo no tienen ni idea de este asunto y estén convencidos de que ese es el camino del Che. O quizás sea cuestión de ver más de cerca y discutirlo.

En todo caso lo que es objetivo es que no estamos frente a una política de ruptura, por lo tanto, amenazar con actos de ruptura sin cumplirlos, es puro discurso, es la negación de los setentas, de hacer de la palabra hechos; o sea es repetir la práctica de la izquierda tradicional que se la pasó décadas amenazando con tomar el poder e hizo de ese discurso un modus vivendi.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Siete años y miles de muertos


Por Roberto Montoya
Estados Unidos retira sus tropas de Irak.

“Esta noche anuncio que la misión de combate estadounidense en Irak ha terminado. La operación Libertad Iraquí ha acabado y el pueblo de Irak tiene ahora la responsabilidad principal de mantener la seguridad de su país.” Son las palabras que pronunció el martes pasado Barack Obama en su discurso a la nación, con las que daba por cumplida su promesa de retirar las tropas estadounidenses de Irak para agosto de 2010, hecha un año atrás. Muy a tiempo, porque quedan menos de dos meses para esas vitales elecciones en Estados Unidos en las que se elegirá a los 435 miembros de la Cámara de Representantes, a 100 miembros del Senado, a 38 gobernadores, más numerosos otros cargos locales.

“Los americanos que han servido en Irak han completado todas las misiones que les han sido encomendadas. Han derribado un régimen que aterrorizaba a su propio pueblo”, dijo Obama, elogiando nuevamente, como lo hizo al recibir el Premio Nobel de la Paz, que su país hubiera llevado a cabo lo que llamó “guerra justa”.
Las palabras del presidente de Estados Unidos recuerdan a otras, realizadas más de siete años antes. Exactamente fueron dichas el 1º de mayo de 2003, seis semanas después del inicio de los bombardeos e invasión de Irak por parte de Estados Unidos y Reino Unido. Las pronunció el entonces presidente George W. Bush, a bordo del portaaviones Abraham Lincoln, y vestido a lo Top Gun para la ocasión: “En esta batalla nosotros hemos luchado por la causa de la libertad y por la paz en el mundo. Nuestra nación y nuestra coalición están orgullosas por este logro. Sin embargo, esto es de ustedes, los miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos, que lo realizaron. Su coraje, su voluntad para enfrentar los peligros por su país y por cada uno de ustedes hizo que este día fuera posible”, les dijo Bush a los numerosos marinos presentes, bajo un gran cartel que rezaba: “Misión cumplida”. “Gracias a ustedes, el tirano ha caído e Irak es libre”, les dijo, y elogió a las fuerzas armadas estadounidenses por ayudar “a reconstruir Irak, donde el dictador construyó palacios para él en lugar de hospitales y escuelas para el pueblo”.

Entre uno y otro discurso transcurrieron siete años y cuatro meses. Un período en el que los bombardeos y los daños colaterales provocados por los ataques aliados, terminaron de completar la devastación de Irak que habían iniciado en 1991, con la Operación Tormenta del Desierto, durante la Guerra del Golfo.
Durante ese período de siete años y cuatro meses que separan los discursos de Bush y Obama, fueron destruidas más de la mitad de las escuelas y hospitales iraquíes, gran parte de sus puentes y carreteras, sus instalaciones eléctricas, su infraestructura.
Más de 100.000 civiles han muerto a causa de los ataques de Estados Unidos y sus aliados y la guerra sectaria interna desatada tiempo después del inicio de la invasión, sumándose a los otros cientos de miles muertos durante la Guerra del Golfo lanzada por Bush padre y los 12 años de cruel embargo que le siguieron.

Más de dos millones de personas vieron destruir sus hogares o huyeron de ellos a causa de la guerra, la mitad de los cuales buscó refugio en el extranjero.
La población iraquí se libró de un dictador pero se le destruyó el país, se desangró internamente, se le impuso un gobierno corrupto y autoritario, una Constitución retrógada donde la mujer queda más postergada que antes, donde las multinacionales de Estados Unidos y sus aliados se reparten el control de su economía, especialmente de su petróleo y de las grandes obras de reconstrucción.
Obama sabe bien que a pesar de haber retirado a 110.000 de sus hombres, ha dejado 50.000 soldados, tan de combate como los que se fueron. Porque la guerra sigue y en Irak mueren incluso todavía más personas que en Afganistán, a pesar de que se quiera presentar la retirada como una victoria de la democracia. Las tropas que quedan, en principio, estarán acantonadas en sus grandes bases y se ocuparán de instruir a los más de 600.000 hombres del ejército y la policía iraquíes pero está previsto que actúen en caso de que este se vea desbordado. Y lo tendrán que hacer.
Obama ha autorizado también la acción de al menos 7.000 hombres más enrolados en las “compañías de seguridad” contratadas por el Pentágono –eufemismo utilizado para referirse a los mercenarios– especializados en tareas de espionaje, localización y ejecución de enemigos.
Obama se esfuerza también por enterrar en el plazo prometido, fines de 2011, la otra gran guerra que heredó de Bush, la de Afganistán, pero sus propios generales y los generales iraquíes le repiten una y otra vez –aunque haya destituido ya a uno, Stanley McCrhystal, por decirlo públicamente– que si lo hace, el país volverá a caer en manos de los talibán. A casi nueve años del comienzo de la guerra de Afganistán, los fundamentalistas islámicos son más fuertes que nunca. Aplican sus leyes a sangre y fuego en grandes zonas del país, capitalizando políticamente el odio cada vez mayor entre la población hacia el corrupto gobierno de Hamid Karzai y sus temibles señores de la guerra, que son quienes controlan el suculento comercio internacional del opio.

La crisis financiera mundial, que afecta de lleno a Estados Unidos y a los aliados europeos que lo secundan en las guerras de Irak y Afganistán, afecta a los presupuestos militares de todos ellos y de ahí también su urgencia por reducir gastos y por empezar a llenar rápido las alforjas. Necesitan, eso sí, que exista un cierto control de la situación por parte de los gobiernos locales, al precio que sea, tanto para poder retirarse como para hacer negocios. Porque de eso se trata, que Irak aumente su producción actual de 2,4 millones de barriles diarios para que reporte más y más ganancias a las multinacionales que explotan su petróleo y que de Afganistán se pueda empezar a extraer pronto también petróleo y otros minerales.
Días atrás geólogos estadounidenses encontraron una bolsa equivalente a 1.800 millones de barriles entre las ciudades de Mazar-i-Sharif y Shiberghan, según Jawad Omar, portavoz del Ministerio afgano de Minas. Según este funcionario, en seis meses se empezarían a explotar también varias minas de oro, litio y otros minerales. Según The New York Times, esos hallazgos podrían hacer del mísero Afganistán “la Arabia saudí del litio”.

¿Se entiende por qué no se pueden comparar estos fracasos militares de Estados Unidos y sus aliados con la guerra de Vietnam como se hace a diario tan alegremente?
Retirarse gradualmente, como héroes, no supone en realidad irse de estos escenarios de guerra con las manos vacías, sin dejar las cosas atadas. ¿O acaso alguien creyó por un momento que los invasores pretendían liberar desinteresadamente esos países y dejar gobiernos democráticos y soberanos?.

LAS COMBIS DEL ACTUAL SUBDESARROLLO



Por Luis Mattini

¿Alguien se acuerda de palabras como desarrollo, subdesarrollo, países en vías de desarrollo? ¿Suena a anacrónico ? ¿No? ¿Es que ya nos habremos desarrollado?
Lo cierto es que el seudo marxismo stalinista engendró la idea que el subdesarrollo era un estadio en el proceso de las naciones postergadas por la dependencia de la naciones precisamente “desarrolladas”, llamadas imperialistas. O sea, el subdesarrollo consistiría en no haber logrado, no haber “llegado”, al desarrollo capitalista pleno. Por lo tanto se trataba de liberase de la dominación imperialista para desarrollarse, tarea ésta cuya misión histórica estaba designada a la supuesta burguesía nacional. Por cierto que, tras el triunfo de la revolución cubana, Fidel Castro fue uno de los que más compró ese discurso y se la pasó 50 años prometiendo el bienestar general cuando Cuba lograra el desarrollo hasta ahora impedido por el bloqueo.
A esta altura podemos recordar que el guevarismo fue, sin dudas, por un lado una forma de rebelión, pero al mismo tiempo un nuevo modo de leer la realidad, que pretendía superar estas incongruencias del llamado socialismo real. Guevara definió en algún momento el subdesarrollo, no como algo que estaba por debajo, como algo insuficiente, como algo a continuar hasta alcanzar, sino como un “desarrollo deformado”. O sea como algo a romper y hacer de otra manera.

Esta modificación en la forma de pensar, que en el Che y quienes le seguimos, tenía la misma importancia que el fusil, y tendría serias consecuencias: la primera fue que la ruptura se imponía a la continuidad. O sea que para Guevara, el socialismo era fundamentalmente una ruptura porque de lo contrario estaría condenado a reproducir las deformaciones del capitalismo. Por eso fue que, siendo Ministro de Industria en Cuba, tuvo su polémica con los soviéticos y las influencias stalinistas internas, sobre la no vigencia de la ley del valor en la sociedad socialista y la supremacía de los incentivos morales sobre los materiales. La mentalidad stalinista derrotó al Che en Cuba y esa fue una de las causas de su marcha.

Los cómodos de siempre, los marxistas de manual soviético, los “realistas” de cada época, algunos nacionales y populares “serios”, mucho han criticado al Che por esta postura “idealista”, “voluntarista”, sin ser capaces de ver la analogía de estos postulados con aquella afirmación de Marx sobre el papel de la filosofía del proletariado alemán que también podría ser tildada de voluntarista. Dicho de otro modo , el Che buscaba en Cuba y América Latina lo que Marx le encargaba al proletariado alemán para Europa y la revolución mundial: pensar más allá de las visiones positivistas, deterministas, pensar la ruptura revolucionaria , base subjetiva sin la cual no habrá socialismo.

Porque el contenido de “desarrollo deformado” no partía de ver el subdesarrollo como algo incompleto por inmaduro, sino especificamente un tipo de desarrollo que se correspondía a los rasgos del capitalismo deformados por intereses de clase y, por lo tanto, el socialismo heredaría esa deformación. Digamos ahora de paso —y no sin una gran amargura—, que la parte lamentable de la historia de cincuenta años de revolución en Cuba le dieron la razón al Che. El hecho que hoy en día el setenta por ciento de las tierras cubanas estén sin cultivar y se importe la mayor parte de los alimentos de los EE.UU, pagados por la “industria del turismo”, es la paradoja más amarga, y no se explica de ninguna manera por el bloqueo, sino por la persistencia de una idea falsa de desarrollo que viene desde la época de las falsas esperanzas en las zafras monumentales. El monocultivo azucarero, reemplazado por el “monoturismo”.
Frente a esa idea del Che, saltaron diversas corrientes de marxistas ortodoxos que se preguntaban si el capitalismo podía tener un desarrollo bien formado.
Sin dudas que hay mucha relatividad en todo esto, pero tampoco caben dudas que hubo desarrollos muchos más armónicos, como los países escandinavos por ejemplo, con al menos ciertos mejores equilibrios sociales, explotación de los máximos recursos agrarios propios, búsqueda de la soberanía alimentaria, plena educación, pleno empleo, buenos sistemas de seguridad social, etc. .

En Argentina en los años sesenta escribía en el diario El Mundo un columnista llamado, si mal no recuerdo, Enrique Silberstein que tenía una columna llamada “Charlas económicas” Era un tipo muy capaz y sus columnas eran verdaderas cátedras con la peculiaridad de poder poner el tema al alcance de todos. En una oportunidad escribió una nota que tituló “El colectivo”, en que demostraba que el colectivo, medio de transporte inventado en Buenos Aires, era el símbolo más elocuente del subdesarrollo. Recordaba la conocida historia del colectivo que nació como alternativa al masivo tranvía, primero como taxis colectivos, en los que se trasladaban los trabajadores de cuello blanco, pagando más caro, pero viajando sentados, cómo fueron creciendo, aumentando el tamaño de los vehículos, regulando recorridos y horarios, hasta llegar se ser los colectivos y transformarse en un servicio público inificiente, injusto, incómodo a pesar de caro, no comparable con los transportes públicos en lo países desarrollados como Francia o Alemania. Mecanismos parecidos ocurrieron en chile con las “liebres” y en México con los “peseros”

Curioso: ha pasado más de medio siglo y hoy la proliferación de las llamadas combis , que actualmente salen desde diversas plazas y esquinas de esta ciudad (Ni siquiera de estaciones terminales) y que van a lugares del cercano interior del gran Buenos Aires tradicionalmente cubierto por los ferrocarriles que hoy son catastróficos, Luján, San Pedro, Lobos, Chascomús, etc, que cuestan mucho más que el boleto del ómnibus o el tren, parecen ser una repetición o un renacimiento de aquella experiencia de los años treinta, la de aquellos taxis tomados en grupos, que terminó creando el colectivo
¿Estaremos frente al renacimiento de un nuevo colectivo?
No lo sé, en todo caso de lo que no cabe dudas es que esta práctica odiosa que privilegia comodidad de transporte público para una parte e la población es, sin duda, como dijo Enrique Silberstein en aquella oportunidad, una evidente señal de subdesarrollo en el sentido Guevarista de la palabra. O sea que quizás estemos frente a un “nuevo” subdesarrollo, que confirmaría lo evidente, que siempre padecimos de un desarrollo deformado.

La Reina Cristina que ha manifestado su admiración por el “desarrollo” de la Villa 31, tiene la palabra.


lunes, 23 de agosto de 2010

Ochenta años de avances de la democracia estadounidense: De la silla eléctrica para anarquistas al asesinato selectivo de islamistas


por Agustín Velloso en Tlaxcala*

Hay gente que cree que el sistema político de Estados Unidos, como el económico, no ha hecho sino progresar con el paso del tiempo. Este país es considerado por otros el más rico y el más democrático. El mejor indicador de lo primero es que otros reconocen su primacía, buscan ser socios suyos y están dispuestos a hacer lo que les pida.

Su mayor éxito es haber conseguido que la gente piense que es el faro de las democracias mundiales. Tanto es así que además de ejercer una enorme influencia económica, se considera el campeón de la libertad y el garante de los derechos humanos en la tierra. Este engreimiento de una nación entera lleva a que sus gobernantes designen buenos y malos por doquier y a continuación lancen cruzadas y guerras sin fin contra éstos.

En la fecha de hoy se recuerda a los activistas anarquistas Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, emigrantes italianos en Estados Unidos, ejecutados en la silla eléctrica el 23 de agosto de 1927 tras un juicio farsa en el que fueron acusados y sentenciados por el asesinato de un pagador y un vigilante que no cometieron.

Cincuenta años después, en 1977, las autoridades revisaron el caso, concluyeron que hubo errores en el proceso y reconocieron que los ejecutados no tuvieron un juicio justo. Todo esto fue un nuevo teatro, no sólo por la tardanza y por considerar fallos lo que fue una persecución orquestada para acabar de forma ejemplarizante con la vida de dos activistas, sino porque hoy, pasados treinta años de ese reconocimiento oficial, los nuevos dirigentes del país han instaurado un sistema por el que ya no tienen que pedir perdón por crímenes similares que se están cometiendo en nombre de la democracia estadounidense.

El historiador Howard Zinn (http://howardzinn.org/), que ha reflexionado sobre este suceso y otros similares con mayor número de víctimas acontecidos en la historia de Estados Unidos, presenta a unos dirigentes sin piedad que llevan a cabo sus planes en beneficio propio y de los grandes capitalistas, en el nombre de altos ideales pero a costa de trabajadores, grupos étnicos y sociales minoritarios, opositores al gobierno y otras víctimas del sistema:

“El caso de Sacco y Vanzetti reveló, en sus condiciones más severas que las palabras nobles que se inscribieron sobre nuestros palacios de justicia, ‘Justicia Igual ante la Ley’, siempre han sido una mentira. Esos dos hombres, el vendedor ambulante de pescado y el zapatero, no podrían conseguir justicia en el sistema americano, porque la justicia no mide igual a pobres y a ricos, a nacionales o a extranjeros, al ortodoxo y al radical, al blanco y la persona de color. Y mientras la injusticia se da más sutilmente y de maneras más intrincadas hoy que en las circunstancias crudas de Sacco y Vanzetti, la esencia se mantiene igual.” (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55254)

Es imposible no estar de acuerdo con Zinn. Él mismo recuerda un caso anterior que también se considera un hito de la injusticia: “¿Ha habido justicia en el sistema americano para los pobres, la persona de color, el radical? Cuando se sentenció a muerte a los ocho anarquistas de Chicago después de los altercados de Haymarket de 1886, no era porque había alguna prueba de la conexión entre ellos y la bomba arrojada en medio de la policía; no había ninguna evidencia. Era porque ellos eran líderes del movimiento anarquista en Chicago.”

Zinn, recientemente fallecido, mantendría hoy la misma valoración, ya que cien años después el periodista Mumia Abu-Jamal, dedicado a mostrar al público la violencia policial contra los grupos sociales minoritarios, fue sentenciado en 1982 a la pena capital, castigo que recurre desde el corredor de la muerte.

Afortunadamente para él, han aparecido a tiempo pruebas de su inocencia en el caso del homicidio de un policía en el que se le ha involucrado. Sin embargo, esta tregua no le ha evitado pasar encerrado 23 horas al día en una celda durante estos 28 años transcurridos, sin autorización para recibir visitas de sus familiares y con su correo personal ilegalmente abierto por las autoridades de la prisión. (Su caso en http://www.freemumia.org/)

Con la legislación antiterrorista y de seguridad nacional (Ley Patriota) en vigor por una parte y un ambiente social convenientemente manipulado a través del miedo a supuestos ataques terroristas por otro, los juicios farsa pasan a ser parte de un sistema judicial aún más viciado que anteriormente, así que los detenidos, condenados y ejecutados de hoy difícilmente pueden esperar justicia en esta vida y rectificación de errores en la futura.

Dos cuestiones llaman la atención al observar esta tendencia. Su relación con otras injusticias cometidas por Estados Unidos más allá de sus fronteras, así como la aceptación de aquellas y su efecto multiplicador en otros países.

Los vuelos secretos de secuestrados, las cárceles extraterritoriales, las torturas a prisioneros asesoradas por médicos y psicólogos, la detención durante años sin juicio y si éste llega, las sentencias con pruebas inválidas, las ejecuciones extra-judiciales y otros avances aportados por la democracia estadounidense al progreso de la humanidad, harían que Sacco y Vanzetti se sintieran afortunados de haber sufrido un calvario menor comparado con el de sus camaradas de lucha en la actualidad.

Al tiempo que se incrementa el control y la represión contra los que desafían al sistema dentro de las fronteras, se castiga sin restricciones de ninguna clase a los que se señala como enemigos de Estados Unidos. Para esto cambian la toga de jueces rectos por el uniforme de intervencionistas humanitarios y atacan a sus enemigos hasta aniquilarlos, daños colaterales –niños incluidos- al margen. En la jerga imperialista esto se denomina “devolverlos a la edad de piedra”, se supone que por comparación con la edad civilizada de los atacantes.

Lógicamente todo esto se hace en contra del sentido común, la moral e incluso la ley internacional; por eso se retuerce ésta hasta que diga lo que no dice, se adornan horrendas acciones con bellas palabras y semiente una y otra vez hasta que no queda nadie vivo ni valiente –o loco- para oponerse.

Los muertos, las violaciones de todo tipo y las mentiras son detalles menores a los ojos de los dirigentes de otros países, entre los que sobresalen los del nuestro, que se sienten tan identificados con esta nueva era de esplendor del derecho, que han colaborado en el éxito mundial del modelo democrático estadounidense.

Cuando no salen -o hacen escalas- esos vuelos desde nuestros aeropuertos, se envían soldados a colaborar en la guerra contra el terror en Afganistán y otros países; cuando no se acepta a excarcelados de Guantánamo, que permanecen aquí sin conseguir justicia ni reparaciones, sino en un limbo legal contrario a sus derechos humanos, se envía a agentes de los servicios de inteligencia a conferenciar, cooperar y estudiar con sus colegas al otro lado del Atlántico; cuando el presidente del gobierno no celebra entusiasmado el último premio Nobel de la paz regalado al Atila del siglo XXI (al parecer destacó el "interés altamente estratégico" del premio y dijo que los objetivos de Obama "son positivos para el mundo entero"), se pone a pergeñar una alianza de civilizaciones que no ha salvado la vida de un solo niño afgano, pero que le ha conseguido una foto más con el anticristo de la diplomacia mundial, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon.

A la vista de lo que ocurre hoy se ve que la crueldad y el absurdo van en aumento desde los tiempos de Sacco y Vanzetti.

Zinn explica la situación de aquél momento:

“un tipógrafo llamado Andrea Salcedo que vivía en Nueva York fue secuestrado por los miembros del FBI (uso la palabra "secuestrado" para describir la detención ilegal de una persona), y retenido en la planta 14 de las oficinas del FBI del Edificio de Park Row. No le permitieron llamar a su familia, amigos, o a un abogado, y fue interrogado y agredido, según un prisionero compañero. Durante la octava semana de su encarcelamiento, el 3 de mayo de 1920, el cuerpo de Salcedo fue encontrado en el pavimento cerca del Edificio de Park Row y el FBI anunció que él se había suicidado saltando de la ventana de la habitación en que estaba custodiado. Fue dos días antes del arresto de Sacco y Vanzetti.”

Y relata la respuesta popular ante los dos asesinatos que estaban por venir:

“Miles se manifestaron, marcharon, protestaron, no sólo en Nueva York, Boston, Chicago, San Francisco, sino también en Londres, París, Buenos Aires o África del Sur. No era bastante. En la noche de su ejecución, miles se manifestaron en Charlestown, pero fueron mantenidos lejos de la prisión por una multitud de policía. Se arrestaron a los manifestantes. Había ametralladoras en las azoteas y grandes reflectores barriendo la escena. Una gran muchedumbre se congregó en Union Square el 23 de agosto de 1927. Después de medianoche, las luces de la prisión oscurecieron y los dos hombres fueron electrocutados.”

Así es, la manifestación de protesta de la gente no fue bastante para salvar a los dos anarquistas y lo mismo ha sucedido con los que han muerto desde entonces. Más de ochenta años y millones de crímenes después, salta a la vista por qué Sacco y Vanzetti empezaron a ir armados cuando se enteraron del fin de Salcedo y por qué las manifestaciones y las protestas no pueden contra las ametralladoras.

miércoles, 18 de agosto de 2010

EL PERONISMO PATAS ARRIBA; Por Luis Mattini



Me permito parafrasear a Eduardo Galeano porque parece que el peronismo es realmente ndestructible, inmortal, porque siempre encuentra la manera de renovarse y ahora esa manera es que los peronistas se han hecho gorilas y los gorilas peronistas.

Veamos, yo nunca fui peronista pero tampoco gorila, incluso con mucha frecuencia hice causa común con los peronistas contra los gorilas. Y puedo alardear de conocer a fondo a los peronistas y a los gorilas, porque me crié entre peronistas, familia, tios, tias, barrio ciudad donde el peronismo ganaba por el 70 por ciento de los votos, y luego, en el 55, sufrí la humillación de los gorilas. Después viví también la conversión de cientos de gorilas en peronistas, esos que el viejo caudillo llamó, no sin sus razones, “infiltrados”.

Porque aquí hablo de los gorilas “epidérmicos”, no los del Poder, o sea no de Rojas, Toranzo Montero, Aramburu, Repetto, La Nación, La Prensa, La Marina, etc...no, aquí hablo de los gorilas del “campo popular” Por ejemplo, los radicales, los, comunistas, los socialistas, todos preñados de estilo stalinista a pesar de condenar los crímenes de Stalin, o sea la mayor parte de los progres o de nuestro famoso despotismo ilustrado.

Porque la pequeñez mental y espiritual y la mediocridad que demostraron esos sectores en los años 55 al 60, hasta ahora no ha sido narrada. Confundían al peronismo con el fascismo, trataban a Eva Perón como prostituta advenediza, y a Perón como un demagogo apoyado por el “lumpenproletariado” y la baja clase media . En las discusiones que se armaban en la mesa familiar, en el club de barrio, en las fabricas, los peronistas explicaban por qué eran peronistas; “porque Perón nos dio trabajo”; porque Perón me dio la casa”; porque Perón nos dio dignidad” , “porque Perón sacó al país de la servidumbre” o “porque soy lo que soy gracias a Perón”, etc, a lo que esta izquierda beata les respondía, con un alarde de ética, que era mezquino apoyar a un político según servicios recibidos. Retengamos para mas tarde esa correcta respuesta de esos gorilitas.
Yo tuve suerte de formarme desde la adolescencia en un marxismo no gorila y tampoco de oportunismo properonsita; uno de sus mentores fue Silvio Frondizi quien rechazó la idea del carácter fascista del peronismo, y adoptó la denominación marxista de “bonapartismo”. Por otra parte tuve un compañero alemán que había sido militante con los espartaquistas y él definía muy claramente: el fascismo y el nazismo fueron producto del gran capital en su fase imperial apoyándose en las clases medias empobrecidas y el llamado “lumpenproletariado”; en cambio el peronismo, según este alemán, era la representación del proyecto de burguesía nacional apoyado en el proletariado industrial.
Unos años después, con el surgimiento de la revolución cubana, una parte de esa izquierda gorila, descubrió “el ser nacional”, y lo identifico con el peronismo. Eso fue coincidente con otros gorilas que provenían del catolicismo y que también descubrieron que el “pueblo era peronista”. Plantearon entonces que el carácter de la revolución en Argentina pasaba por canalizar el peronismo a pesar de Perón. Constituyeron una parte de la ola revolucionaria de los sesentas que haría su eclosión en los setentas unificados bajo la denominación Montoneros.
Si vamos a categorias de las llamadas ciencias sociales, digamos que cambiaron el marxismo por el populismo stalinista, dejaron de ser gorilas para convertirse en peronistas y ello les armó para tomar el lugar del despotismo ilustrado.

Nadie les quita el derecho a intentarlo, intentar, como trató J.W,.Cooke, de transformar al peronismo en la fuerza revolucionaria de la Argentina; pero ocurre que la historia demostró que el peronismo es Perón y que esos revolucionarios no lograron ser sus herederos, porque Perón, como Fidel, como todos los caudillos, no dejó herederos. Por otra parte la pretendida Burguesia Nacional --que hubiera justificado la politica “nacional y popular” de que tanto hacen gala los ex marxistas—no llegó a constituirse como proyecto, desapareció del mapa, una parte fue devorada por el propio desarrollo capitalista y otra se incorporó al gran capital. Repito: se consolidó el imperio, por lo tanto no existe la burguesía nacional. O sea Perón, aparte de estar muerto, ya no tiene razón de ser. Porque incluso ya no tienen razón de ser los partidos políticos en su antigua función de ser representantes de determinadas clases. Por eso es que hoy en día, el peronismo pasó a tener los dirigentes más inverosímiles, desde un Menem que desarmó el proyecto de país de Perón, pasando por administradores de grandes intereses como Duhalde, hasta los puestos por las circunstancias como los Kirchner, con el rasgo curioso, insistimos, que tradicionales nombres del peronismo pasaron a ser gorilas y los gorilas a peronistas:

Entonces hoy me encuentro con esos viejos gorilas, que como dije hace décadas descubrieron el “ser nacional” que me acusan de gorila por no estar de acuerdo con este gobierno y me previenen contra la “derecha” gorila en la que figuran indiscutidos peronistas como Rodríguez Saa, Duhalde, Romero Felix, etc.... Es curioso, estos que me hostigan casi sin excepción se trata de viejos amigos que hoy se benefician en algo con la política de este gobierno. Y es sorprendente, porque en lo que a mi respecta, pocas veces he estado mejor, empleo seguro y buen sueldo. Si es por eso yo debería ser el primer kirchnerista., Claro tampoco estaba mal en aquellos años sesenta y no me hice frondizista ni radical del pueblo. Claro, ni yo ni Reino, ni Axel, ni Santucho, nos hicimos guevaristas porque ganábamos mal en la fábrica. Claro que puedo alegrarme de que el Estado Nacional esté al día con los salarios, gracias a una bonanza económica excepcional, que salgan leyes de merecido respecto como las de matrimonio gay, que se continúen con los juicios, etc....pero ocurre que en el camino tropiezo con cartoneros,
Fijese que el actual gobierno, tiene cada vez más apoyo de la clase media tradicionalmente gorila, empleados estatales, jubilados del sistema judicial, estatal o incluso una parte importante del profesorado, que cobran regularmente y más de lo tradicional, pequeños empresarios o comerciantes que logran vivir mas o menos decentemente del turismo o de ciertas modas editoriales, marginados por sus elecciones sexuales beneficiados por leyes avanzadas, y...por supuesto, la inmensa mayoría de los Organismos de Derechos Humanos que están embelezados por los eternos juicios a los militares por crímenes de la dictadura y que parecen creer que con eso se cumple el sueño de los setentistas. O sea la acción de los militantes de derechos humanos se ha transformado en un fin en si mismo, por lo tanto cuanto más se dilaten los juicios mejor será porque si esto se termina no sabrán que hacer de su tiempo ni de qué vivir. De allí es que la Memoria se ha transformado en centro de actividad. Al desaparecer motivos de lucha, porque parece que el gobierno ha creado el reino de la justicia social, los que nos siguen sólo pueden ocupare de la Memoria. En vez de abrir locales partidarios , asociaciones barriales, clubes de pelea, casas operativas, en fin lo que sea necesario para enfrentar la injusticia social presente, se abren casas de la memoria para recordar el dolor de la injusticia pasada.
En definitiva, la metamorfosis es impresionante: el despotismo ilustrado gorila de los años sesenta, se ha peronizado y ha adquirido forma de populismo ilustrado, es el principal sostén ideológico del actual gobierno. Como populistas ilustrados, no les preocupa el modelo productivo inaugurado por Menem, continuado por De La Rua y afirmado por los dos últimos gobiernos actuales que amenaza con la dependencia alimentaria y es fabricante de pobreza, que el gobierno se esfuerza por paliar mediante a planes sociales y que lo podrá aliviar sólo mientras dure esta bonanaza. Porque este despotismo ha copado el aparato ideológico, reescribe la historia, no lo digo como metáfora, lo digo literal, la escribe en el papel de nuevo, no es que la hace, la reescribe en diversas formas de culto a la Memoria y todo ello les redunda en un aceptable modo de vida con casa , vestido y comida asegurados...ah... también los alimentos espirituales satisfechos; Cuerpos culturales, Universidades , Medios de Comunicación y editoriales a disposición.
Bueno, lo que si parece verse es que esa masa de beneficiados por el actual gobierno que manipula el aparato ideológico no son peronistas, sino ex gorilas disfrazados; la gran incógnita es, ¿Qué pasará con el peronismo, digo, con esos miles de personas que dicen “yo soy peronista de Perón”?

domingo, 8 de agosto de 2010

A 65 años de los únicos bombardeos nucleares de la historia Hiroshima y Nagasaki, omnipresentes


Hasta el 6 de agosto de 1945, la amenaza nuclear era todavía una abstracción. Después de la devastación provocada en Hiroshima y Nagasaki por la explosión de una bomba de uranio y otra de plutonio respectivamente, esas dos ciudades japonesas pasaron a ser símbolos del horror, de las consecuencias de las verdaderas armas de destrucción masiva. Hoy un puñado de países controla 22.000 cabezas nucleares. Buena parte de ellas están en manos de quien protagonizó ese genocidio nuclear, EEUU, el mismo país que se arroga el derecho de proteger a sus aliados que las tienen y de amenazar a sus enemigos que pretenden tenerlas.

ROBERTO MONTOYA

A las 02.15 horas del 6 de agosto de 1945, los 12 miembros de la tripulación del poderoso bombardero B-29 Enola Gay partían de la isla de Tiniaii, en el Pacífico, a 2.500 kilómetros al sureste de Tokio, en busca de su objetivo. Las opciones eran Nagasaki, Kotura o Hiroshima, y se decidiría en vuelo en función del análisis metereológico que hiciera el avión de relevamiento que había partido tres cuartos de hora antes. Sólo el coronel Paul Tebbits, comandante del Enola Gay, conocía que transportaban una bomba atómica. Se sabían importantes, habían sido elegidos para una misión histórica, ordenada por el propio presidente Harry S.Truman. Este mandatario del Partido Demócrata había sustituido poco antes del ataque en el cargo al fallecido Benjamin Delano Roosevelt.

En su carácter de vicepresidente, había previsto con Roosevelt usar la bomba contra Berlín, pero el derrumbe del nazismo se produjo antes de que pudieran terminarla. Japón sería elegido como objetivo sustituto de Alemania. EEUU sabía que con ello no sólo obligaría a capitular al imperio nipón, sino que lanzaba una clara advertencia a la URSS , cuando ya se avecinaba el reparto de buena parte del mundo entre las dos potencias.
Roosevelt y Truman desoyeron la opinión de científicos como Albert Einstein de que no se utilizara para fabricar la bomba nuclear las investigaciones del Proyecto Manhattan que durante tres años habían realizado en el laboratorio secreto de Los Alamos, en el desierto de Nuevo México.

Y llegó el Día H.
El Enola Gay --el comandante del B-29 grabó el nombre de su madre en el fuselaje—iniciaba su misión llevando en sus entrañas a Little Boy (muchacho), la bomba de 4.000 kilogramos con un núcleo de uranio enriquecido, de tres metros de longitud y 70 centímetros de diámetro. Tibbets repartió en vuelo entre su tripulación las cápsulas de cianuro. Si había algún percance, no podían ser capturados vivos.
En su diario (que en 1971 vendió orgulloso por 37.000 dólares), el copiloto, Robert Lewis, recordaba cuan escuetamente el comandante les anunció finalmente el objetivo en vuelo: “07.24 horas. Tibbets conecta el intercomunicador para hablar con la tripulación. Sólo dice dos palabras: Es Hiroshima; 08.14.El coronel nos ordena que nos coloquemos las gafas especiales Polaroid contra el fogonazo; 08.15, las compuertas del compartimento de bombas del Enola Gay se abrieron y la primera bomba atómica se libera del anclaje». Lewis prosiguió con sus anotaciones: «08.16. A los 43 segundos del lanzamiento y tras casi seis millas de caída, la bomba detonó sobre Hiroshima».
Según Truman, el objetivo fue una base militar japonesa. En realidad, la bomba, amarrada por tres paracaídas especiales, explosionó a 500 metros del suelo, en pleno centro de Hiroshima, una ciudad que tenía 250.000 habitantes.

“Un punto de luz purpúrea se expande hasta convertirse en una enorme y cegadora bola de fuego”, escribió Lewis. “La temperatura del núcleo es de 50 millones de grados. A bordo del avión, nadie dice nada. Casi podía saborear el fulgor de la explosión, tenía el sabor del plomo. La cabina de vuelo se iluminó con una extraña luz. Era como asomarse al infierno. A continuación llegó la onda de choque, una masa de aire tan comprimida que parecía sólido. Cuando la onda de choque alcanzó el avión, Tibbets y yo nos aferramos a los mandos. (…) El hongo alcanza una milla de altura y su base es un caldero burbujeante, un hervidero de llamas. La ciudad debe de estar debajo de eso”. «Sólo fue otro trabajo más”, diría Lewis. “Hicimos de este mundo un lugar más seguro. Desde entonces nadie ha osado lanzar otra bomba atómica. Desearía ser recordado como el hombre que contribuyó a hacerlo posible”.
En Hiroshima las cosas se vivieron de una manera muy distinta. La onda expansiva, con sus 6.000 grados de temperatura, calcinó a más de 70.000 personas de forma inmediata. Los edificios y árboles quedaron carbonizados en 120 kilómetros a la redonda. La lluvia radiactiva despedida por el hongo atómico mató en las horas posteriores a varios miles de personas más, dejando también miles de heridos y mutilados. El uranio enriquecido acababa con los glóbulos blancos. Antes de que finalizara 1945 habían muerto ya 140.000 habitantes de Hiroshima. Con los años decenas de miles de más morirían de cáncer y miles de niños nacerían con graves deformaciones.
Al conocer los resultados de su hazaña, el presidente Truman dijo: “Este es el suceso más grandioso de la historia”.
Tres días después ordenaba repetir la experiencia en Nagasaki. A las 11.02 horas, otro bombardero B-29, el Bockscar, arrojaba sobre esa ciudad una bomba con núcleo de plutonio. Cuarenta mil personas murieron de inmediato. Miles más morirían posteriormente. Miles de niños nacerían con malformaciones.

Los poco más de 200.000 supervientes de esos genocidios, los hibakusha, que sufrieron graves deformaciones, deterioro genético y cáncer, esperan todavía que EEUU se disculpe por ese genocidio. Nunca lo hizo.
Por primera vez, el pasado viernes 6, al celebrarse los actos por el 65º aniversario del ataque contra Hiroshima, asistió un representante norteamericano, el cónsul; y por primera vez también, asistió el secretario general de la ONU.
Esos crímenes de lesa humanidad siguen impunes 65 años después.