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martes, 2 de noviembre de 2010

Obama, camino a una derrota; por Roberto Montoya,


Todas las encuestas auguran un huracán republicano en los comicios legislativos Barack Obama camina desde hace semanas con la cabeza baja camino al cadalso electoral. A una semana de las elecciones de este próximo martes 2, con una caída del índice de popularidad desde el 70% al 45%, reconoció de antemano su derrota en el programa de TV Daily Show del comediante progresista Jon Stewart. “La gente está frustrada”, dijo el presidente. Y como tímida disculpa añadió: “hay cosas que la gente ni sabe que hicimos”. Una disculpa que suena rara viniendo de boca del comunicólogo por excelencia. Para intentar demostrar que no todo está perdido, Obama dijo en esa entrevista: “Nunca dijimos que podríamos conseguir todos nuestros objetivos en 18 meses”.

En estas elecciones a mitad de mandato por las que tiene que pasar cada presidente estadounidense, se elige a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los 100 que componen el Senado; a 38 gobernadores, mientras tienen lugar simultáneamente varias elecciones locales y territoriales. Todas las encuestas auguran que un tsunami republicano arrasará en las dos cámaras y en los principales estados en disputa, dejando maniatado a Obama en sus dos últimos años de mandato y abortando (lapsus, los republicanos no abortan) sus posibilidades de ser reelegido en 2012. La causa de esta derrota anunciada, de este desgaste tan acelerado del milagro Obama que obnubiló a medio mundo hace sólo un par de años, no puede atribuirse exclusivamente a las ya de por sí demoledoras consecuencias de la crisis capitalista mundial, que tuvo su origen precisamente en Estados Unidos. Sin ser ningún radical, si uno atiende a los parámetros internacionales, Obama sí lo es para Estados Unidos.

Ya fue demasiado que un partido como el Demócrata, conservador, esclavista y antinegro desde que nació en 1824 y por varias décadas, al punto de ser el apoyo fundamental del Ku Klux Klan (el presidente Harry Truman fue miembro reconocido del KKK), evolucionara durante el siglo XX hacia unas posturas progresistas, cambiándose los papeles con el Partido Republicano (ambos nacieron del mismo tronco, el Partido Demócrata-Republicano) y llegara en el siglo XXI a nombrar a un candidato presidencial afroamericano. Demasiado cambio, sí.
Pero Barack Obama no sólo viene enfrentando desde que inició su mandato el 20 de enero de 2009 el agresivo hostigamiento y boicot del Partido Republicano y de los principales lobbies, que cuentan con gran poder de influencia.

No, Obama, a pesar de haber sido votado mayoritariamente en la interna de su partido frente a su gran rival, Hillary Clinton, su actual secretaria de Estado no tiene el apoyo de todos los demócratas ni mucho menos. Esto se vio en el rechazo de miembros de su propio Gabinete a que investigara las graves violaciones de los derechos humanos cometidos por la Administración Bush al amparo de la “guerra contra el terror”, se vio en su frustrante batalla por cerrar Guantánamo, y se volvió a comprobar en el debate de la reforma sanitaria, que terminó descafeinándose tanto que poco quedó de su idea original.
Son varias las familias políticas que coexisten dentro del Partido Demócrata y Obama juega un papel bonapartista, haciendo equilibrios entre unas y otras. El jueves pasado, en el prestigioso blog The Caucus del New York Times, el analista Michael D. Shear explicaba las presiones que sufría Obama dentro de su propio partido, y el peso que tienen las distintas corrientes. “¿Es Obama demasiado tímido?”, titulaba Shear su nota. Y explicaba que ésa era la crítica que le hacía el sector más “liberal” de los demócratas, que en Estados Unidos es equivalente a progresista o izquierda. Shear explicaba que el sector más liberal o de izquierda del Partido Demócrata, el Progressive Caucus, con 78 miembros en la Cámara de Representantes (de un total de 255 representantes demócratas), presionaba al presidente para que fuera más radical en su programa. Este sector le pide que se apoye en ellos, en “un más pequeño y más cohesionado caucus”. Pero los llamados Blue Dogs y los New Democrats, la corriente de los moderados y de los centristas, acumulan 105 escaños en dicha Cámara, son mayoría en el bloque demócrata . Barack Obama sabe, por tanto, que aunque su ideario esté más cercano al Progressive Caucus, necesita indispensablemente del apoyo de las otras dos corrientes para intentar sacar su programa adelante. Shear recuerda en su análisis, para más Inri, que según una última encuesta de Gallup, el 42% de los estadounidenses dicen ser “conservadores”, el 35% “moderados” y sólo un 20 se reivindica “liberal”. Con esas cifras internas y externas sobre la mesa, Obama no tiene demasiado para festejar. En las últimas semanas ha concentrado sus esfuerzos en remodelar su Gabinete, en un intento por atacar aquellos problemas más inmediatos que acucian a los ciudadanos. Esta realidad es bien conocida por el Partido Republicano y de ahí su euforia y radicalización. Actualmente tienen 178 escaños en la Cámara de Representantes y 41 en el Senado, pero están seguros de conseguir la mayoría en las dos cámaras.

Desde que Obama llegó al poder, el Partido Republicano radicalizó su discurso y engendró el Tea Party, un movimiento con valores cavernícolas, ultraconservador, xenófobo y homófobo, enemigo acérrimo de todo lo que huelga a Estado y defensor a ultranza de las armas, que ha ido creciendo como la espuma en todo el país.
Liderado por Sarah Palin, ex gobernadora de Alaska y ex candidata a vicepresidenta en tándem con John McCain en las elecciones en las que ganó Obama, en poco tiempo se ha convertido en una poderosísima corriente dentro del Partido Republicano. Palin reconoce públicamente que luchará dentro de su partido para ser la candidata republicana a las presidenciales de 2012. Los comicios del martes darán una primera pauta de cuán cerca están los republicanos de volver a la Casa Blanca.

martes, 19 de octubre de 2010

La mujer, doble víctima de las guerras. A 10 años de la Resolución 1.325

55 años después de su creación, la ONU descubrió que la mujer era víctima por partida doble en las guerras, y en 2000 aprobó una resolución para protegerla. En su aniversario se impone un balance

(Intervención de Roberto Montoya en la mesa redonda del 15 de Octubre organizada por la Fundación Euroárabe en la Biblioteca del Museo Reina Sofía de Madrid, en el marco del Festival El Ojo Cojo de Cine, Cortos y Documentales)

Estos días se cumplen 10 años desde la aprobación de la Resolución 1.325 de la ONU, y gracias a este instrumento y otros complementarios posteriores también muy importantes, Naciones Unidas ha comenzado a incorporar a una gran parte de sus organismos, misiones y actividades, la problemática de la violencia de género ligada específicamente a los conflictos armados y a los periodos de construcción y mantenimiento de la paz.

Días atrás, a inicios de octubre, representantes de Naciones Unidas dieron a conocer en Madrid, en el marco del seminario “Instrumentos eficaces para la igualdad en el desarrollo”, que tres de cada mujeres en el mundo han sufrido violencia machista en algún momento de su vida. La ONU aclara que la mitad de esas agresiones sexistas la sufrieron menores de 16 años. En pleno siglo XXI se calcula que 140 millones de niñas y adolescentes sufren mutilación genital, que 30 millones de niñas viven en las calles, expuestas a la violencia sexual.

Diez millones de niñas en el mundo son obligadas a casarse antes de los 12 años; 86 millones de niñas crecen sin educación alguna; miles de niñas en Afganistán son atacadas por los talibán por atreverse a ir a la escuela, las escuelas de niñas son consideradas objetivos militares.

Más de 5.000 mujeres mueren al año en el mundo víctimas de los llamados “crímenes de honor” realizados por sus propias familias.

Hay guerras como las de Afganistán en las que Occidente utilizó de forma propagandista y oportunista la asfixiante opresión sufrida por las mujeres como muestra de la crueldad del enemigo talibán, pero nueve años después su situación, si bien es de reconocer ciertos avances con respecto a la siniestra época talibán, no ha mejorado de una forma más radical a causa del retrógrado, corrupto y autoritario gobierno de Hamid Karzai aupado al poder por EEUU y sus aliados.

En Irak, tras siete años de guerra, y cientos de miles de muertos después, EEUU y sus aliados reivindican la victoria, reivindican haber estabilizado el país, pero las mujeres han perdido terreno en materia de derechos y en su rol en la sociedad. Históricamente las mujeres iraquíes habían ido conquistado importantes derechos, muchos más avanzados que en el resto de países de su entorno, teniendo un gran protagonismo en la vida política y social. Su apogeo lo tuvieron durante los años 70, paradójicamente, bajo la dictadura de Sadam Husein..

Las guerras, sean en Africa, Asia, Oriente Medio o en cualquier parte del mundo, siguen agravando enormemente los niveles de violencia sexual contra las niñas y mujeres.

Esas agresiones, esos crímenes, no son lamentablemente casos aislados protagonizados por puñados de soldados o milicianos psicópatas de un bando u otro. Son parte ya integrante de las guerras.

Las mujeres siguen siendo como en las guerras primitivas parte sustancial del botín de guerra. Con las agresiones a cientos de miles de niñas y mujeres en países como Sudán, la República Democrática del Congo o tantos otros, no sólo se traumatiza a las víctimas directas de por vida, se dispara el número de embarazos no deseados y se expande el virus del Sida. También se logra humillar y denigrar a toda una comunidad.

En continentes como Africa, donde la mujer de las zonas rurales juega un papel económico, social y familiar vital, más que en otras zonas del mundo, las consecuencias de las violaciones sistemáticas y masivas son aún mayores.

Como denuncian las organizaciones que trabajan en la zona, tras ser víctimas de violaciones, las mujeres de una comunidad, por temor, dejan de ir a cosechar a los campos más alejados y no acuden a los mercados, alterando así toda la vida económica de las familias y comunidades, ahondando aún más su extrema pobreza.

Por eso, por todo ese panorama tan desolador que se le presenta a la mujer, desde niña, en tantos países todavía hoy día, cualquier avance que se de es importante. No se pueden minusvalorar los pasos que poco a poco y en forma desigual se están logrando en muchos lados, estimulados por la Resolución 1.325. Pero tampoco se pueden sobrevalorar creyendo que su simple existencia es de por sí garantía de un cambio profundo, radical, en todo el mundo.

Muchos programas que llevan adelante distintos organismos de la ONU u ONGs apoyadas por Naciones Unidas en numerosos países, han supuesto un estímulo, un cambio palpable para la situación de muchas mujeres afectadas por conflictos bélicos, durísimas sequías, hambrunas, mujeres desplazadas de sus casas y pueblos, mujeres hacinadas en campos de refugiados en Africa, Asia, América Latina y el Caribe.

Sabemos que Naciones Unidas aprueba muchas veces resoluciones y promueve tratados internacionales sobre los temas más variados, sobre la tortura, sobre los derechos de los niños, sobre el control de armas de todo tipo, sobre el racismo, sobre la protección del medio ambiente y un larguísimo etcétera, que, de cumplirse estrictamente, harían del planeta un lugar más justo e igualitario para vivir.

Pero sabemos también que esa mancomunidad de naciones, la más grande del mundo, donde están representados 192 países, está muy lejos de ser perfecta, está muy lejos de ser gobernada colectivamente, de forma democrática por sus estados miembros y no por un puñado de potencias que pujan constantemente por sus propios intereses, aplicando dobles raseros, violando ellas mismas los tratados contra la tortura o las Convenciones de Ginebra, y utilizando sistemáticamente, como hace desde hace décadas EEUU, su derecho de voto, para impedir la aplicación de todas aquellas resoluciones aprobadas mayoritariamente que les sean perjudiciales para sí o para sus aliados.

No nos debe extrañar por tanto que estas serias limitaciones que muestra a menudo la ONU también sean extensivas al tema de la aplicación de la resolución 1.325 y a toda la normativa en defensa de la mujer existente.

Las incoherencias de Naciones Unidas

¿Cómo es posible entender, si no es así, que en 62 años de operaciones de paz de la ONU haya habido sólo siete mujeres con rango de representante especial del Secretario General de Naciones Unidas para alguna misión, o que sólo haya dos mujeres en el equipo de 40 personas que componen la Secretaría General? Todo ello, paradójicamente, a pesar de que la Resolución 1.325, en su texto insta al Secretario General de la ONU y a los Estados miembros a garantizar un aumento de mujeres en todos los ámbitos de construcción de la paz, así como en carácter de enviadas especiales.

¿Cómo es posible que diez años después de la aprobación de la resolución 1.325, sólo 20 países –entre ellos España—hayan decidido llevar a cabo un Plan de Acción específico sobre el tema, y que de ellos sólo 11 están en vías de elaboración? Y esto después de una década.

¿Cómo es posible que queden impunes las violaciones y abusos contra niñas y mujeres cometidas por “cascos azules” encargados precisamente de protegerlas, de dar el ejemplo. Muchas de esas mujeres han sido violadas por milicianos o soldados en conflictos bélicos y cuando lograr refugiarse en un campamento de la ONU o estar en una zona bajo control de los “cascos azules”, vuelven a vivir esa pesadilla. Y esto no ha sido ni un caso ni dos, sino muchos, en distintos países y con cientos de “cascos azules” de distintas nacionalidades involucrados.

A través del llamado Informe Machel, elaborado por Gracia Machel, ex ministra de de Educación y Cultura de Mozambique y esposa de Nelson Mandela, la ONU reconoció por primera vez públicamente en 1996 la responsabilidad de sus “cascos azules” en violaciones, trata de mujeres y abuso infantil en misiones desarrolladas en Angola, Mozambique, Bosnia, Croacia, Somalia, Ruanda y Camboya.

Esto sucedió antes de la resolución 1.325, sí, pero se volvió a producir en Haití a partir de 2004, y en Sudán, especialmente en la región de Darfour, y en la República Democrática del Congo, donde la propia ONU reconoció en un informe en 2005 que se habían producido 105 denuncias contra “cascos azules”, que se aprovechaban de niñas y mujeres congolesas desesperadas para practicar sexo con ellas a cambio de comida o unas monedas.

¿Cómo se puede compatibilizar la resolución 1.325 de la ONU con la Convención de Privilegios e Inmunidades de Naciones Unidas, vigente desde 1946, y que establece que el país receptor de “cascos azules” no puede juzgarlos en su territorio aunque cometan en él delitos o crímenes?

¿Qué es lo que hace la ONU ante denuncias de ese tipo entonces? La Oficina de Supervisión Interna de la ONU es la encargada de investigar si un “casco azul” ha violado un texto interno llamado “Diez normas: Código de conducta personal de los Cascos Azules”.

¿Y qué puede hacer esa Oficina de Supervisión Interna si confirma las denuncias? La ONU no tiene ningún tribunal interno, por lo que su única opción es entregar al “casco azul” a su país de origen para que lo juzgue.

Hasta ahora sólo en un par de casos se concretó esto, en el de “cascos azules” italianos que habían actuado en Somalia, a pesar de que ya son cientos y cientos los soldados denunciados. En la mayoría de los casos sólo se adelanta la vuelta a casa del “casco azul” agresor, sin que esto lo inhabilite para participar en otras misiones de país en el futuro.

Queda mucho, muchísimo por hacer todavía en todas las instituciones, en todos los ámbitos, para erradicar esta lacra. Y la violencia sexual, a pesar de lo grave que es, no es el único problema que atender. Es necesario que la mujer pueda participar activamente en los procesos de pacificación, empezando por las propias instituciones que los planifican y llevan a cabo.

La vicepresidenta primera española, María Teresa Fernández de la Vega, defendió en enero pasado en la conferencia “Mujeres, paz y seguridad”, celebrada en Bruselas por la Comisión Europea y la OTAN, una propuesta para que se establecieran cuotas para lograr que las mujeres participen a todos niveles, civil y militar, en los procesos de paz y solución de conflictos. No es la única que lo ha propuesto en organismos internacionales. Pero su idea no prosperó, y el primero en rechazarla por “irrealista”, fue el propio secretario general de la OTAN, Andres Rogh Rasmussen. El jefe máximo de la OTAN dijo que era imposible lograr algo así en el seno de la Alianza Atlántica dadas “las diferentes tradiciones nacionales de que partimos”.

Y ahí se acabó la discusión.

Es de reconocer que España tiene el doble de mujeres militares en misiones exteriores que la media de la Unión Europea, lo que puede ayudar a tener una mayor sensibilidad para tratar un tema como las agresiones a las mujeres. Actualmente entre el 7% y el 9% del total de soldados que tiene España involucrados en misiones de pacificación son mujeres, cuando el promedio en el conjunto de la Unión Europea es de sólo el 4%.

Es un dato alentador el de España en esta materia, como es alentador un caso como el de Liberia. En un país como ese, sumergido en una cruenta guerra desde inicios de los 90 hasta 2003, con más de 250.000 víctimas mortales, con un altísimo número de violaciones, con una de cada 10 mujeres violadas menor de 5 años, la larga lucha de las mujeres ha empezado a dar sus frutos. Ellas, con sus protestas callejeras, con sus multitudinarias manifestaciones, jugaron un papel clave en el fin de la guerra y en la construcción de la paz.

Hoy día Liberia tiene presidenta, Ellen Johnson Sirleaf, la primera presidenta de Africa. Gracias a su labor y a la de tantas mujeres organizadas, hoy día el 20% de los efectivos de las fuerzas de seguridad liberianas son mujeres.

Hace dos años se creó en Liberia el primer tribunal especializado en violencia de género de toda Africa.

Desde este mes, Liberia cuenta con una Ley de Libertad de Información, la primera también en Africa. Y ahí la ONU ha financiado la Radio Democracia Mujeres Liberianas, que tiene cada vez mayor capacidad de emisión a todo el territorio nacional.

Son datos alentadores sin duda, pero el camino aún es muy largo y para que se avance de una forma sostenida en todo el mundo es fundamental que se acentúe la presión social y mediática sobre la clase política y todas las instituciones internacionales. Y como todas las batallas que se libran por la igualdad real de la mujer, no puede ser sólo una batalla de las propias mujeres, sino una batalla de mujeres y hombres, porque en ella se está jugando un aspecto esencial del futuro que queremos para la Humanidad.

Roberto Montoya

lunes, 11 de octubre de 2010

España al borde del corralito; por Roberto Montoya


“Madrid podría estar ingresando en la clase de espiral de la muerte que afligió a Argentina hace apenas una década.” advirtió tiempo atrás Paul Krugman, y ahora lo repite Joseph Stiglitz.

Lo dijo hace pocos meses el gran gurú de las finanzas a nivel mundial, el neokeynesiano Premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, y ahora lo repite otro influyente gurú, también neokeynesiano también estadounidense y también Premio Nobel de Economía (2001), Joseph Stiglitz: “España podría estar ingresando en la clase de espiral de la muerte que afligió a Argentina hace apenas una década”. Son así dos grandes analistas de las finanzas internacionales los que ven planear la sombra del corralito sobre España. “Sólo cuando Argentina terminó con su tipo de cambio fijo respecto al dólar comenzó a crecer y se redujo el déficit. España no ha sido atacada por los especuladores, pero podría ser sólo cuestión de tiempo”, añadió Stiglitz.
Pero esa salida a la que recurrió en su momento Argentina no es válida para España, por pertenecer a la eurozona, sin posibilidad para devaluar su moneda, porque la antigua peseta se fundió en 1998 con las monedas de otros 16 países de la Unión Europea para crear el euro como moneda única común.
Tanto Stiglitz como Krugman y otros renombrados analistas ven a España como uno de los eslabones más débiles de la Unión Europea y rechazan esa imagen que quiere dar la UE de que ya ha se dejado atrás la recesión. Se teme que se produzca el llamado Efecto W, o recesión de segunda vuelta. En un artículo en el Sunday Telegraph, Stiglitz sostenía días atrás, al analizar la situación de Europa ante la crisis, que “España es el caso más peligroso, pero también están en severos aprietos Irlanda y Grecia”. Y añade Stiglitz: “El euro también afronta su propia crisis y puede desaparecer, víctima de su propia convertibilidad hacia dentro. Resulta claro que los países hoy en problemas carecen, como Argentina hace años, de monedas individuales y, por ende, de instrumentos cambiarios flexibles”.

El economista asegura que “como en Grecia e Irlanda, la debilidad financiera de España la torna presa fácil para fondos buitres y otros especuladores. Las reacciones ingenuas del Banco Central Europeo o el FMI, como recortar gastos o jubilaciones y elevar impuestos, sólo empeorará las cosas”. Y ahí estriba la crítica principal de los dos economistas, coincidente con la postura que vienen manteniendo en España y otros países europeos los partidos de izquierda y los sindicatos: que los planes de ajuste lanzados por doquier en Europa para afrontar la crisis, con una contracción drástica del gasto público, congelación cuando no disminución directa de los salarios y las pensiones y la precarización del trabajo, sólo pueden augurar más y más desempleo. Lo reconocía sólo pocas semanas atrás el propio FMI a través de su director gerente, Dominique Strauss-Kahn. Este admitía que los ajustazos podrían conseguir un moderadísimo crecimiento, pero sin generar empleo. Las imposiciones del FMI, del Banco Mundial y del Banco Central Europeo, aparecen como recetas desesperadas, ineficaces y contraproducentes, de un sistema ultraliberal cuyo modelo de enriquecimiento especulativo y piramidal ha terminado por pinchar la burbuja generada durante años. Stiglitz insiste con el paralelismo entre España y Argentina. El economista estadounidense, siempre crítico con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y sus recetas y “los mercados”, dice que a Rodríguez Zapatero “se le imponen reglas de juego anacrónicas.
Por ejemplo, disminuir los gastos, lo cual producirá desempleo muy superior al actual 20,3%, contracción de demanda real y fuerte resistencia social. Argentina vivió lo mismo en 2000-2001 y sólo políticas anticíclicas la sacaron de apuros en los años siguientes”.
Strauss-Kahn felicitaba hace poco a Rodríguez Zapatero por aplicar a rajatabla las medidas sugeridas por el FMI, asegurándole que no se arrepentiría de haberlas adoptado, a pesar del duro coste social que implican. ¿Y cuándo se verían esos frutos, según el FMI? En la semana que termina, el FMI anunciaba que el Producto Interior Bruto (PIB) de Canadá, Rusia e India supera este año por primera vez al de España. De esta manera España, que alardeaba de ser la octava potencia económica mundial, ha sido relegada de un plumazo al 12º puesto. Al presidente español no le gustará que alguien le recuerde ahora que en 2007 él auguraba públicamente que “en 2010 vamos a superar ligeramente a Alemania en renta per cápita”. Alemania está hoy día en el 4º lugar, ocho puestos antes que España. El FMI prevé que España tendrá un crecimiento del -0.3% para 2010 (1.7% de media para Europa); 0.7% en 2011 y que sólo alcanzará un 2% (porcentaje a partir del cual se considera que se crea realmente empleo) en 2013. Según el mismo informe del FMI, Argentina crecerá en 2010 el 7,5%, como Brasil (5,7% de media para América Latina y el Caribe) y el 4% en 2011. Rodríguez Zapatero tendrá por tanto menos futuro prometedor para vender a los trabajadores y a los sindicatos, que el pasado 29 salieron a la calle para decir “no” a su recién aprobada reforma laboral y para advertirle que no aceptarán tampoco su reforma de las pensiones, que entrará en breve a debate en las Cortes (Parlamento).
Días atrás, Rodríguez Zapatero sufrió además un revés político al ser derrotado en elecciones internas del gubernamental Partido Socialista Obrero Español (Psoe) por escaso margen, su candidata a presidir la poderosa Comunidad de Madrid (gobernación), la actual ministra de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, frente al secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez. Ese revés, según las encuestas hechas por distintos medios de comunicación, ha debilitado aún más al Psoe, quien aparece situado ahora más de diez puntos por detrás del opositor Partido Popular en intención de voto.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Siete años y miles de muertos


Por Roberto Montoya
Estados Unidos retira sus tropas de Irak.

“Esta noche anuncio que la misión de combate estadounidense en Irak ha terminado. La operación Libertad Iraquí ha acabado y el pueblo de Irak tiene ahora la responsabilidad principal de mantener la seguridad de su país.” Son las palabras que pronunció el martes pasado Barack Obama en su discurso a la nación, con las que daba por cumplida su promesa de retirar las tropas estadounidenses de Irak para agosto de 2010, hecha un año atrás. Muy a tiempo, porque quedan menos de dos meses para esas vitales elecciones en Estados Unidos en las que se elegirá a los 435 miembros de la Cámara de Representantes, a 100 miembros del Senado, a 38 gobernadores, más numerosos otros cargos locales.

“Los americanos que han servido en Irak han completado todas las misiones que les han sido encomendadas. Han derribado un régimen que aterrorizaba a su propio pueblo”, dijo Obama, elogiando nuevamente, como lo hizo al recibir el Premio Nobel de la Paz, que su país hubiera llevado a cabo lo que llamó “guerra justa”.
Las palabras del presidente de Estados Unidos recuerdan a otras, realizadas más de siete años antes. Exactamente fueron dichas el 1º de mayo de 2003, seis semanas después del inicio de los bombardeos e invasión de Irak por parte de Estados Unidos y Reino Unido. Las pronunció el entonces presidente George W. Bush, a bordo del portaaviones Abraham Lincoln, y vestido a lo Top Gun para la ocasión: “En esta batalla nosotros hemos luchado por la causa de la libertad y por la paz en el mundo. Nuestra nación y nuestra coalición están orgullosas por este logro. Sin embargo, esto es de ustedes, los miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos, que lo realizaron. Su coraje, su voluntad para enfrentar los peligros por su país y por cada uno de ustedes hizo que este día fuera posible”, les dijo Bush a los numerosos marinos presentes, bajo un gran cartel que rezaba: “Misión cumplida”. “Gracias a ustedes, el tirano ha caído e Irak es libre”, les dijo, y elogió a las fuerzas armadas estadounidenses por ayudar “a reconstruir Irak, donde el dictador construyó palacios para él en lugar de hospitales y escuelas para el pueblo”.

Entre uno y otro discurso transcurrieron siete años y cuatro meses. Un período en el que los bombardeos y los daños colaterales provocados por los ataques aliados, terminaron de completar la devastación de Irak que habían iniciado en 1991, con la Operación Tormenta del Desierto, durante la Guerra del Golfo.
Durante ese período de siete años y cuatro meses que separan los discursos de Bush y Obama, fueron destruidas más de la mitad de las escuelas y hospitales iraquíes, gran parte de sus puentes y carreteras, sus instalaciones eléctricas, su infraestructura.
Más de 100.000 civiles han muerto a causa de los ataques de Estados Unidos y sus aliados y la guerra sectaria interna desatada tiempo después del inicio de la invasión, sumándose a los otros cientos de miles muertos durante la Guerra del Golfo lanzada por Bush padre y los 12 años de cruel embargo que le siguieron.

Más de dos millones de personas vieron destruir sus hogares o huyeron de ellos a causa de la guerra, la mitad de los cuales buscó refugio en el extranjero.
La población iraquí se libró de un dictador pero se le destruyó el país, se desangró internamente, se le impuso un gobierno corrupto y autoritario, una Constitución retrógada donde la mujer queda más postergada que antes, donde las multinacionales de Estados Unidos y sus aliados se reparten el control de su economía, especialmente de su petróleo y de las grandes obras de reconstrucción.
Obama sabe bien que a pesar de haber retirado a 110.000 de sus hombres, ha dejado 50.000 soldados, tan de combate como los que se fueron. Porque la guerra sigue y en Irak mueren incluso todavía más personas que en Afganistán, a pesar de que se quiera presentar la retirada como una victoria de la democracia. Las tropas que quedan, en principio, estarán acantonadas en sus grandes bases y se ocuparán de instruir a los más de 600.000 hombres del ejército y la policía iraquíes pero está previsto que actúen en caso de que este se vea desbordado. Y lo tendrán que hacer.
Obama ha autorizado también la acción de al menos 7.000 hombres más enrolados en las “compañías de seguridad” contratadas por el Pentágono –eufemismo utilizado para referirse a los mercenarios– especializados en tareas de espionaje, localización y ejecución de enemigos.
Obama se esfuerza también por enterrar en el plazo prometido, fines de 2011, la otra gran guerra que heredó de Bush, la de Afganistán, pero sus propios generales y los generales iraquíes le repiten una y otra vez –aunque haya destituido ya a uno, Stanley McCrhystal, por decirlo públicamente– que si lo hace, el país volverá a caer en manos de los talibán. A casi nueve años del comienzo de la guerra de Afganistán, los fundamentalistas islámicos son más fuertes que nunca. Aplican sus leyes a sangre y fuego en grandes zonas del país, capitalizando políticamente el odio cada vez mayor entre la población hacia el corrupto gobierno de Hamid Karzai y sus temibles señores de la guerra, que son quienes controlan el suculento comercio internacional del opio.

La crisis financiera mundial, que afecta de lleno a Estados Unidos y a los aliados europeos que lo secundan en las guerras de Irak y Afganistán, afecta a los presupuestos militares de todos ellos y de ahí también su urgencia por reducir gastos y por empezar a llenar rápido las alforjas. Necesitan, eso sí, que exista un cierto control de la situación por parte de los gobiernos locales, al precio que sea, tanto para poder retirarse como para hacer negocios. Porque de eso se trata, que Irak aumente su producción actual de 2,4 millones de barriles diarios para que reporte más y más ganancias a las multinacionales que explotan su petróleo y que de Afganistán se pueda empezar a extraer pronto también petróleo y otros minerales.
Días atrás geólogos estadounidenses encontraron una bolsa equivalente a 1.800 millones de barriles entre las ciudades de Mazar-i-Sharif y Shiberghan, según Jawad Omar, portavoz del Ministerio afgano de Minas. Según este funcionario, en seis meses se empezarían a explotar también varias minas de oro, litio y otros minerales. Según The New York Times, esos hallazgos podrían hacer del mísero Afganistán “la Arabia saudí del litio”.

¿Se entiende por qué no se pueden comparar estos fracasos militares de Estados Unidos y sus aliados con la guerra de Vietnam como se hace a diario tan alegremente?
Retirarse gradualmente, como héroes, no supone en realidad irse de estos escenarios de guerra con las manos vacías, sin dejar las cosas atadas. ¿O acaso alguien creyó por un momento que los invasores pretendían liberar desinteresadamente esos países y dejar gobiernos democráticos y soberanos?.

jueves, 5 de agosto de 2010

Muchas cumbres y pocos cambios UE-América Latina y el Caribe; por Roberto Montoya


“La VI Cumbre marcará un antes y un después en las relaciones entre la Unión Europea y América Latina”. Eso aseguraba poco antes de la celebración del encuentro en Madrid, en mayo pasado, la vicepresidenta primera del Gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega. ¿Alguien notó el cambio? Difícilmente.

Las ausencias de mandatarios fueron el primer síntoma de que eso no sería así. Por parte europea, en la cumbre estuvieron sólo 14 de los 27 presidentes, primeros ministros o jefes de Estado de la Unión Europea. Por parte de América Latina y el Caribe, 19, de un total de más de 30. España, reivindicando siempre ser el “puente natural” entre ambas regiones, pretendía apuntarse un tanto a su favor para coronar su presidencia semestral de la Unión Europea. Pero, una vez más, su torpeza en materia de política exterior
estuvo a punto de mostrar su incapacidad para ser ese “puente”. El Gobierno español no tuvo mejor idea que invitar a la cumbre a Porfirio Lobo, el presidente hondureño surgido de unas elecciones en las que no se permitió participar al legítimo presidente de Honduras, Manuel Zelaya, derrocado por un golpe militar el 28 de junio de 2009.

Lobo, con el visto bueno de la Administración Obama, se apresuró a integrar en su gabinete a representantes de los golpistas, a declarar una amnistía para quienes derrocaron por las armas a Zelaya y a premiar con el nombramiento de diputado vitalicio al líder de éstos, Roberto Micheletti, quien había ocupado temporalmente la silla presidencial una vez desalojado Zelaya del poder. Durante el año transcurrido desde el golpe, murieron a causa de la represión policial decenas de partidarios de Zelaya, y al menos siete periodistas molestos para el régimen. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU y organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional denunciaron la brutal represión que estaba teniendo lugar, pero no hubo condenas ni de parte de Estados Unidos ni de la Unión Europea. España y el resto de la UE denunciaron inicialmente el golpe con la boca chica, pero si bien EE UU reconoció oficialmente a Lobo como presidente, dando con ello carpetazo al tema, la UE retiró de su agenda el “caso hondureño”. A pesar de ello, prácticamente todos los países de América Latina y el Caribe siguieron denunciando el golpe y la farsa posterior, temerosos además de que fuera el precedente de lo que sería la política futura de Obama para la zona.

Por todo ello, invitar a Lobo a la cumbre, sin siquiera sondear el terreno entre los países latinoamericanos, fue una grave torpeza de la diplomacia española. Varios líderes latinoamericanos y caribeños advirtieron de inmediato de que no acudirían a la cumbre de Madrid si en ella participaba Lobo. Contra lo que pudiera creerse, no fue Chávez quien amenazó con un boicot a la Cumbre, sino Lula da Silva, quien, como cabeza de la subpotencia regional, no podía admitirlo tras la derrota personal que le supuso no haber logrado que Zelaya recuperara el poder, después de organizar su retorno a Honduras y albergarlo durante meses en la embajada brasileña en Tegucigalpa. En la Moncloa, en el Palacio de Santa Cruz y en la Zarzuela, hubo tensión y ajetreo para intentar remediar semejante error. Finalmente lograron convencer a Lobo para que se contentara con participar sólo en una minicumbre en Madrid, la que mantendría la UE con los países centroamericanos, para sentar las bases de un acuerdo de libre comercio. Las aguas se calmaron, pero aún así,
varios dirigentes, entre ellos Hugo Chávez, decidieron no acudir a la cita, mostrando con ese gesto la poca importancia que le asignaban.

Chávez, el mayor impulsor de organismos regionales independientes de nuevo tipo en la zona en la última década, ha criticado siempre la desigual relación que sigue existiendo entre los países ricos europeos y los de América Latina y el Caribe, y es incluso partidario de la desaparición no sólo de la OEA (Organización de Estados Americanos, en la que participa EE UU), sino también de las Cumbres Iberoamericanas anuales del “por qué no te callas”, promovidas fundamentalmente por España, con fuertes intereses comerciales y
financieros en la zona. Tampoco estuvieron presentes en la VI Cumbre de Madrid el uruguayo José Múgica, ni el nicaragüense Daniel Ortega o el cubano Raúl Castro, entre otros.
Inmersa en una profunda crisis económica y financiera y con la debilidad demostrada de sus instituciones, la UE sólo podía ver supuestamente como positiva la cumbre con América Latina y el Caribe, una zona que aguanta mejor que la rica Europa las sacudidas de la crisis económica y financiera. Al menos desde 2002 y hasta que la crisis de las subprime se hizo sentir con fuerza en la región en 2008 –especialmente por las bruscas caídas en el precio del petróleo, del gas, el cobre, la soja y otras materias primas– el área vivió un periodo de crecimiento sostenido, no inflacionista, con una reducción real de los índices de pobreza, creación de empleo y reducción de la deuda.

Varios líderes latinoamericanos, como Evo Morales, Cristina Fernández o el propio Lula da Silva, se dieron el gusto de recordar a los representantes de la rica Europa que las recetas ultraliberales del arrogante mundo desarrollado sirvieron de muy poco cuando finalmente estalló la burbuja en la que estaban montados, y que en todos ellos el capital corrió a buscar refugio bajo el paraguas del papaíto Estado al que tanto denostan habitualmente, para poder salvar a sus bancos y empresas en crisis.

“Hemos tenido”, dijo la presidenta argentina en su discurso de clausura, como portavoz del bloque latinoamericano, “sobre todo en la América del Sur, un comportamiento frente a esta crisis global mucho mejor de lo que tal vez se esperaba de procesos políticos que muchas veces no son entendidos, porque tal vez no responden a las categorías de pensamiento oficiales, o por lo menos las que hasta ahora son oficiales.” Cristina Fernández hizo igualmente un llamamiento al multilateralismo y criticó “la adopción, durante mucho tiempo, de pensamientos únicos y recetas únicas aplicables a todo el mundo por igual, cualquiera fuera el tamaño de su economía o el desarrollo de su sociedad”.

“Cuando cayó el Muro de Berlín”, añadió, “parecía que toda idea diferente ya no podía ser discutida, se llegó a anunciar inclusive el fin de la historia; pero no, la historia nunca acaba, siempre sigue y siempre se transforma”. A pesar del interés que tiene para Europa esa región, la ausencia de tantos mandatarios de la UE en la VI Cumbre demostraba la poca expectativa que tenían en poder acercar posiciones entre ambos bloques. Las relaciones han hecho muy pocos progresos en la última década.

Europa reaccionó con retraso a la iniciativa de Estados Unidos de comienzos de los 90 conocida como el “Consenso de Washington” y destinada a imponer a los gobiernos neoliberales de turno en la zona una serie de medidas comerciales, financieras y sociales, que facilitaran su hegemonía total. Fue en 1995, el mismo año en el que el Gobierno de Bill Clinton lanzó en una cumbre en Miami su propuesta del ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas), cuando el Consejo Europeo presentó su propuesta de alcanzar “acuerdos de asociación” (AdA, término adoptado para distanciarse de la mala imagen que tienen los TLC de EE UU) tanto con los principales países de la región como con sus distintos
bloques económicos regionales. A esta propuesta seguirían muchas otras similares o complementarias, hasta 2005. En ese año tuvo lugar en Mar del Plata, Argentina, el entierro del ALCA, durante la IV Cumbre de Presidentes de las Américas. Era precisamente el año en que EE UU pretendía que entrara en vigor. El encontronazo entre la nueva América Latina, con una mayoría de gobiernos progresistas en ese entonces, y el imperialismo estadounidense, se plasmó allí. No sólo los líderes del “Eje del Mal” latinoamericano plantaron cara a EE UU. sino también los de países como Brasil o Argentina, que no aceptaban poner en marcha el ALCA, conociendo el negro precedente que supuso la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con EE UU y Canadá en 1994, y en la medida en que EE UU se negaba a dejar de seguir subsidiando a sus agricultores.

Fue uno de los grandes portazos que recibió Bush “junior” en la cara durante sus ocho años de mandato. Ese mismo año la Unión Europea volvió a la carga; sentía que era su momento de recrudecer su ofensiva en la región. España, individualmente, ya venía ganando terreno en la zona desde hacía años, desde los años 90, con Felipe González en el poder, cuando, gracias a la privatización de gran parte de las empresas públicas locales por parte de corruptos gobiernos neoliberales, consiguió que una docena de los más poderosos bancos y empresas ex públicas españolas se hicieran con el control de los principales servicios públicos de buena parte de América Latina. España se convirtió así en
el segundo inversor extranjero en la región, sólo por detrás de Estados Unidos.Europa no quería quedar al margen del botín y creyó encontrar su ocasión a partir del 11-S, cuando Estados Unidos descuidó la zona, concentrando el grueso de sus energías y medios en las guerras de Irak y Afganistán y en todo lo relacionado con su cruzada contra el terror.
Fue en diciembre de ese mismo 2005 en que se esfumó el proyecto del ALCA cuando la UE lanzó su “Estrategia para una asociación reforzada entre la Unión Europea y América Latina”.

Su oferta, sin embargo, no encontró el terreno tan fértil como esperaba. América Latina y el Caribe vieron que en definitiva la propuesta europea no se diferenciaba sustancialmente de la de Estados Unidos. No se trataba de otra cosa que de una relación asimétrica, de un ALCA a la europea. La Unión Europea reclamaba –y reclama– liberación y apertura total de las economías latinoamericanas a los productos europeos, sin renegar a seguir manteniendo por su parte los subsidios a éstos y a las exportaciones, poniendo a su vez unos precios y unas condiciones draconianas a la entrada en Europa de los productos latinoamericanos. América Latina y el Caribe tienen, además, nuevos novios internacionales, especialmente China, pero también Rusia. Para China, América Latina representa ya hoy día casi la mitad de las inversiones directas que tiene en el extranjero. A China le interesan el gas, el cobre, el petróleo, la soja y otros productos con los que cuenta la región.

La Unión Europea logró en la última cumbre de Madrid menos resultados de los que suponía España, y los que se produjeron, no tuvieron lugar en su Asamblea Plenaria sino en las seis minicumbres bilaterales y subregionales que tuvieron lugar esos días. El resultado más reivindicado por España y con el cual sintió que había salvado el tipo, fue el elanzamiento de las negociaciones comerciales entre la Unión Europea y Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, a los que próximamente se sumará Venezuela y previsiblemente Bolivia), bloqueadas desde 2004 por las trabas puestas por Europa. A pesar de la oposición de Italia, Irlanda y Francia, entre otros, los diálogos se iniciaron. El logro se redujo a eso, a reiniciar el diálogo. Una mayoría de países europeos quiere poder meter el diente en ese mercado de 270 millones de personas, que se ampliaría aún más con la entrada de Venezuela y Bolivia. Hoy día estos dos países tienen el estatus de Estados Asociados, como Colombia, Perú, Chile y Ecuador. La Cumbre sí logró cerrar un Acuerdo de Asociación entre la Unión Europeay los países de América Central. El tratado firmado por la UE con El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Honduras, Costa Rica y Panamá, fue criticado rápidamente, no sólo por organizaciones populares, sino incluso por productores y empresarios de la mayoría de esos países centroamericanos. La UE cerró igualmente
Acuerdos de Asociación con Perú y Colombia, que se negociaban desde hace años. Estos acuerdos se hicieron al margen de la Comunidad Andina de Naciones (CAN, sucesora del Pacto Andino), lo que fue criticado por Evo Morales y Rafael Correa, quienes adelantaron que sus países no seguirían esos pasos. Morales y Correa, como otros líderes latinoamericanos, venían denunciando desde hace tiempo que las presiones y urgencias de la UE para firmar esos tratados atacaban de lleno el espíritu de integración regional que intenta abrirse paso en la región. La Cumbre Alternativa de los Pueblos que se realizó en Madrid inmediatamente antes de la Cumbre oficial criticó duramente estos acuerdos en consonancia con organizaciones sociales y de derechos humanos.

El espíritu regional, que ha dado lugar en la última década a la creación de nuevos organismos en la zona, es el tropiezo mayor con el que se encuentra tanto
Europa como Estados Unidos para hacer acuerdos con bloques, por lo que a menudo optan por el “divide y vencerás”, celebrando acuerdos bilaterales con aquellos países dispuestos a aceptar sus condiciones. En América Latina y el Caribe conviven realidades y gobiernos dispares. Mientras la derecha ultraliberal campa a sus anchas en países como Colombia, México, Chile y otros, existen países como Venezuela, Bolivia, Argentina, Ecuador o Paraguay, que están intentando disminuir drásticamente el desproporcionado volumen de sus importaciones procedentes de países desarrollados.
Ninguno de esos intentos ni de otras medidas económicas adoptadas por esos países se encuadra dentro de un cuestionamiento real del sistema productivo, ni avanzan en la práctica hacia ese pregonado “socialismo del siglo XXI”, a pesar de la ingenuidad de cierta izquierda que así lo cree. Los importantes cambios realizados por países como Venezuela, Bolivia o Ecuador en la propia estructura del Estado y de las instituciones, en el gran protagonismo obtenido por campesinos e indígenas y la mayor participación en la vida pública y comunitaria de millones de postergados, no se ha coherentizado hasta ahora con un cuestionamiento del sistema capitalista.

Sí son reales sin embargo los avances hechos en esta última década hacia la formación de una conciencia regional de América Latina y el Caribe, iniciada con el impulso del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) por parte de Hugo Chávez, y en la que participan Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Cuba, Ecuador, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas y la Mancomunidad de Dominica. La propuesta, lanzada por Chávez en 2001 y puesta a andar en 2004, tiene el propósito declarado de acabar con la pobreza y la exclusión social en la región, trabajando tanto en el ámbito comercial y económico como en el de los derechos humanos, en la lucha contra el analfabetismo, en la defensa del medioambiente, en la comunicación social o la ciencia. El ALBA instauró la figura del TCP (Tratado Comercial de los Pueblos) para intentar aprovechar al máximo la potencialidad de cada país miembro. El ALBA, que desde hace años propone caminar hacia una moneda única, el sucre, ha sido a su vez la estructura impulsora de otros proyectos, como Telesur, en el campo de la comunicación social, o Petrosur y Petrocaribe en el plano energético, organismos que hoy permiten el abastecimiento de petróleo venezolano a precio preferencial a todos los países del área, disminuyendo o acabando así con su dependencia de la grandes multinacionales extranjeras, estadounidenses y europeas. Para completar el plan de soberanía energética de la región está prevista la construcción de gasoductos y oleoductos, por lo que sigue prevaleciendo, de parte de gobiernos progresistas, una concepción esencialmente extractivista, que de no corregirse puede llegar a ser tan dañina para el medioambiente y muchas poblaciones como lo es la deforestación del Amazonas para producir agrocombustibles que lleva a cabo Lula da Silva desde hace años. Da Silva ha cambiado su prometida reforma agraria de otrora por su
devoción al dios petróleo verde, al biodiésel. Sin embargo, los países miembros del ALBA se han comprometido a iniciar un proceso de transición hacia una economía sostenible, potenciando las energías renovables. Ecuador es el país que más ha avanzado en ese sentido con iniciativas en el terreno medioambiental que incluyen la no explotación de todos los recursos de petróleo, gas y carbón que tiene el país, y una fuerte eco-tasa a las emisiones de dióxido de carbono.

El Banco del Sur, otra iniciativa de Chávez destinada a fomentar créditos al desarrollo y ser alternativa al Banco Mundial y al BID (Banco Interamericano de Desarrollo) tiene como socios a Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. El Banco del Sur ha abierto una línea especial de préstamos para proyectos de interés socio-ambientales.

UNASUR es a su vez un ambicioso proyecto lanzado por Lula da Silva, que aglutina hasta ahora a Brasil, Venezuela, Colombia, Bolivia, Chile, Ecuador,Paraguay, Perú, Uruguay, Guyana y Surinam, y que pretende convertirse en un verdadero sustituto de la actual OEA, con múltiples áreas de actuación, que van 10 VIENTO SUR Número 111/Julio 2010
desde las relaciones económicas, políticas, sociales, laborales, de inmigración, educativas y un largo etcétera. Sin duda, el ALBA y la compleja red de estructuras sectoriales a las que ha ido dando lugar, junto a Petrocaribe, Petrosur, el Banco del Sur y UNASUR, comienzan a ser, a pesar de su incipiente andadura, cada vez más molestos para el capital extranjero, acostumbrado durante años a no conocer límite alguno a su accionar y a sus beneficios. Cualquiera de las decisiones de nacionalizar los hidrocarburos u otras fuentes de materias primas por parte de un país, suponen importantes alteraciones en las reglas de juego para las empresas extranjeras de ese ramo. Las grandes empresas españolas presentes en la región, muchas veces de forma hegemónica, como Repsol, Endesa, Unión Fenosa, Iberdrola, Gas Natural, Telefónica, BBVA o el Banco Santander, obtienen en esa zona un volumen significativo de sus beneficios totales, por lo que cualquier decisión gubernamental de un país latinoamericano u organismo regional que altere el escenario comercial, financiero, laboral o legal al que deben sujetarse, puede suponer importantes caídas de su cotización en la Bolsa y pérdidas millonarias.

Si a nivel de la UE las grandes empresas europeas con inversiones en el exterior hacen sentir su presión e influencia ante las autoridades comunitarias a través de las confederaciones de las patronales europeas, en España, su puñado de empresas estrella lo hace a través de la CEOE y por otros medios sobre el Gobierno central, contando también con la gran ayuda de los medios de comunicación.

Estos ayudan con sus notas, columnas de opinión y editoriales a demonizar y caricacturizar a los líderes rebeldes de América Latina y a ensalzar el virtuosismo de personajes como Alvaro Uribe, Alan García, Felipe Calderón o Sebastián Piñera. Hasta alguien como Lula da Silva ha pasado de ser un “moderado ejemplar” a ser tratado como un personaje sospechoso, tras su desaire a EE UU por defender a Irán, su dura denuncia del golpe en Honduras, o por su inoportuna idea de crear UNASUR. Y es que se han topado con el coloso de Sudamérica, que sabe que lo es y que intenta sacar partido de ello, convirtiendo a Brasil en una subpotencia regional con aires imperiales.

El grupo mediático español que sin duda más influye para crear una imagen interesadamente distorsionada de la realidad de América Latina y el Caribe, que cala en ambientes políticos, económicos y en los millones de sus lectores, oyentes y telespectadores, no es paradójicamente ninguno de los que están detrás de los medios más rancios de la derecha, como La Razón, ABC, La Gaceta o El Mundo. Es el Grupo Prisa. Y es que ese “holding” tiene fuertes intereses en América Latina y el Caribe y controla desde diarios de oposición en Bolivia, como La Razón y Extra o ATB Bolivia, hasta el poderoso Grupo Latino de Radio extendido por numerosos países; participa del monopolio mediático del
grupo Clarín, de Argentina, y monopoliza los libros de texto de numerosos países a través de Santillana.

Con “puentes naturales” con la UE y padrinos como España, y con informadores “progresistas” como los de PRISA, la lucha de los pueblos de América Latina y el Caribe no las tiene fácil para que en este Viejo Continente se la conozca, reconozca y respete.


Roberto Montoya es periodista; autor de los libros “El imperio global” y “La impunidad imperial”.
Forma parte de la redacción de VIENTO SUR.

viernes, 4 de junio de 2010

Si el asesino no hubiera sido Netanyahu sino Chávez


Roberto Montoya

La cobertura que previsiblemente harían los grandes ‘media’
“La IV Flota de Estados Unidos, con base en Mayport, Florida, compuesta por un portaaviones y tres submarinos nucleares, dos docenas de cruceros y cazatorpederos de escolta, 120 aviones de combate F-22 y F-117 , seis escuadrones de helicópteros AH-64 Apache , 60 tanques y 20.000 marines, respaldados por aviones bombarderos B-2, Awacs y otros, se dirige hacia las costas de Venezuela para bloquear totalmente sus puertos de Aguay, La Ceiba, Bajo Grande, Punta de Piedras, El Tablazo, Punta Cardón, Puerto Internacional de Guanta, Sucre, Ordaz, Bajo Grande, La Guaira, Puerto Cabello y Pertigalete. Asimismo el Pentágono, junto con el Alto Mando de la Real Fuerza Aérea de Reino Unido, han establecido una zona de exclusión aérea sobre el espacio aéreo venezolano con instalación de misiles antimisiles Patriot en Colombia y Honduras, para impedir cualquier intento del dictador Chávez de utilizar misiles con cabezas nucleares contra sus vecinos y contra EEUU. El Pentágono ha comenzado a reforzar asimismo con fuerzas aerotransportadas y tropas asentadas en las siete bases de uso conjunto en Colombia, las fronteras terrestres de este país con Venezuela. La secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, y el secretario de Defensa, Richard Gates, han explicado hoy en rueda de prensa que EEUU no puede conformarse con la tibia condena del Consejo de Seguridad de la ONU contra la República Bolivariana de Venezuela. ‘Fuerzas de elite de la Armada Nacional Bolivariana procedentes de la Base Naval Contralmirante Agustín Armario de Puerto Cabello, en el estado Carabobo, a bordo de varios BVL (Buque de Vigilancia Litoral) Guaicamacuto GC-21; patrulleros “Guicamacuto” (GC-21); corbetas “Yecuana” (PC-33) y “Kariña” (PC-24) y patrulleros Pozvee -- todos ellos construidos en astilleros españoles-- asaltaron en aguas internacionales del Caribe, a los seis barcos integrantes de la Flotilla de la Libertad que transportaban a 750 pacíficos activistas antichavistas y miembros de ONGs de distintos países. Las fuerzas militares atacantes dispararon a sangre y fuego contra ellos, provocando entre nueve y 19 muertos y decenas de heridos’, recordó Gates.

‘El dictador venezolano’, añadió Hillary Clinton por su parte, ‘en una de sus habituales operaciones de propaganda y distracción, ha acusado burdamente a los civiles asesinados de portar armas a bordo y de estar relacionados con la CIA, el Mossad y los servicios de Inteligencia colombianos’. A su vez, el presidente Obama, flanqueado por el jefe de Inteligencia Nacional saliente, Dennis Blair, ha dicho que sus servicios secretos contaban desde hace tiempo con información precisa de que el dictador Chávez se disponía a provocar un conflicto diplomático internacional esgrimiendo la burda excusa de legítima defensa. ‘Como parte de su plan de incendiar toda la región, el dictador preveía invadir Colombia con ayuda de las FARC y derribar uno a todos los gobiernos de América Latina y el Caribe que no se doblegaran a los designios del ALBA y del Eje del Mal latinoamericano’. ‘Chávez querría de esta forma concretar su tan mentado sueño de construir una gran nación bolivariana, que en realidad no sería otra cosa que una gigantesca dictadura regional’, acotó Blair.

Y, después de un momento de silencio y con su rostro más serio que nunca, el presidente Obama hizo una revelación que dejó atónitos a los presentes. ‘La determinación de nuestro país de bloquear y ocupar Venezuela, detener y trasladar a Chávez a Guantánamo para ser juzgado por nuestros tribunales militares, obedece a una razón de seguridad del conjunto de la humanidad. Tenemos pruebas contundentes de que el dictador caribeño alberga en la selva venezolana, al sur del río Orinoco, a Osama bin Laden y sus huestes. Y no sólo eso. Ahmadineyad ha trasladado a Venezuela subrepticiamente uranio enriquecido para usarlo en cabezas nucleares de misiles instalados en el norte del país, cerca de Caripe, que apuntan hacia EEUUU. Y por si esto fuera poco para justificar nuestra cruzada, para la cual pediremos el apoyo financiero y militar de todos nuestros aliados y el asesoramiento de importantes estadistas como el español José María Anzar, tengo la responsabilidad de informar al mundo entero de un descubrimiento de vital importancia, que acaba con una de las grandes incógnitas de nuestro tiempo. Nuestros servicios de Inteligencia han descubierto finalmente dónde se han ocultado durante estos años las armas de destrucción masiva que mi predecesor buscó infatigablemente en territorio iraquí. Hoy tenemos pruebas de que fueron trasladadas secretamente a Venezuela, a la región de Barinas, por Sadam Husein antes de caer prisionero. Se encuentran bajo custodia directa de la familia Chávez’. Ni bien terminar la rueda de prensa de Barack Obama, comenzaron a sonar al unísono los teléfonos de la Casa Blanca. Todos los líderes de la Unión Europea, de la ONU, de Israel y de muchos otros países, se apresuraron a llamar al presidente afroamericano para expresarle su reconocimiento y ponerse a su disposición para emprender conjuntamente tan loable cruzada. A instancias de líderes europeos y prestigiosos ‘think thank’, como la española FAES, el presidente Obama aceptó convocar de urgencia en Florida una cumbre internacional para estudiar la posibilidad de ampliar a Cuba la gran cruzada actual, bautizada Latin America Free Operation, continuadora de las gestas de Irak y Afganistán, deteniendo y trasladando a la cercana prisión de Guantánamo a los hermanos Castro. Por su parte, representantes de distintas federaciones empresariales, con el español Gerardo Díaz Ferrán a la cabeza, sugirieron la conveniencia de completar la gran operación de cirugía democrática con la destitución de regímenes totalitarios como los del líder cocainómano Evo Morales, el de Rafael Correa, o los de los ex líderes guerrilleros Daniel Ortega o Pepe Múgica; el del sacerdote rojo Fernando Lugo; el de la montonera Cristina Fernández de Kirchner o todo aquel que se atreva a hacer frente a los intereses de las multinacionales, que tanto se preocupan por el bienestar de esos pueblos.

Díaz Ferrán reivindicó en ese sentido el camino abierto por el presidente de Alemania, Horst Köhler, quien en mayo pasado se vio orzado a renunciar a su cargo, tras unas declaraciones en las que con valentía justificó de esta manera las misiones del ejército alemán en Afganistán y otros países: ‘Sabemos que para un país de nuestro tamaño, con su orientación y dependencia del comercio exterior, la intervención militar exterior también es necesaria para defender nuestros intereses, por ejemplo, el de unas vías comerciales libres o el de impedir la inestabilidad de regiones enteras que, con seguridad, afectarían negativamente a nuestras oportunidades a través del comercio, los puestos de trabajo y los ingresos’.

Tanto Obama como sus aliados europeos, así como la ONU, el FMI, el BID, el FM, las más importantes multinacionales y lobbies, coinciden en considerar que los recursos que serán liberados por la Latin America Free Operation, pueden suponer una solución excelente para salir a corto o mediano plazo de la crisis financiera mundial actual.”